sábado, 16 de noviembre de 2024

El nacimiento de la filosofía. Giorgio Colli

 

Angelica Kauffmann (1774). Ariadna abandonada por Teseo 



En una de las variantes del mito, la bella Ariadna, mitad diosa y mitad humana, está destinada a ser la mujer del dios Dionisio. La historia cuenta que Ariadna, al conocer al joven Teseo, se enamora perdidamente y decide sacrificar su divinidad y así volverse mortal, como él. Regala entonces el ovillo a Teseo para ayudarle a derrotar al minotauro y conseguir salir del laberinto. Después, ambos huyen juntos de Creta pero, durante el viaje, Teseo abandona a Ariadna y se dedica a contar su hazaña para ensalzar su gloria. Desengañada con el mortal, la bella Ariadna vuelve a unirse con Dionisio en su condición de diosa. 

El ovillo que Ariadna regaló a Teseo ha sido interpretado como la representación del logos griego, la razón a través del lenguaje, la victoria de Apolo frente a Dionisio. No en vano, Teseo está vinculado al dios Apolo, mientras que el terrible minotauro, fruto de la relación bestial de su madre, Pasífae, con un toro, representa a Dionisio. Así, en el laberinto de Dédalo, Apolo logra vencer a Dionisio, o esta es la interpretación común del mito, porque la lectura de Giorgio Colli es distinta: al recuperar a Ariadna, es Dionisio quien finalmente vence a Apolo; a pesar de la gesta de Teseo, la animalidad termina triunfando sobre la razón. 

Y es que hoy vengo a recomendarles el clásico ensayo 'El nacimiento de la filosofía' (1975), de Giorgio Colli, que la editorial Austral ha reeditado este año. A partir del mito de Apolo, el autor realiza un recorrido que va desde la sabiduría profética de la mistérica Grecia hasta el nacimiento de la dialéctica y, finalmente, de la filosofía escrita. 

En su obra 'El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música' (1872), Friedrich Nietzsche había realizado una interpretación de los mitos griegos que serviría a su propuesta filosófica. Nietzsche utilizó a Apolo y a Dionisio como representaciones de sendas caras de la tragedia griega y, por extensión, de la cultura occidental: lo apolíneo es el arte que embellece, la palabra que racionaliza, el velo que cubre; lo dionisiaco es la fuerza que desborda, la locura, el instinto, la voluntad oculta que anima al hombre; lo apolíneo es el día y lo dionisiaco la noche.

Por mucho que sirviese esta dicotomía a la profunda crítica cultural realizada por el filósofo alemán, Giorgio Colli le lanza algunas correcciones. Según él, si bien Nietzsche había acertado al rescatar al Dionisio de la mentalidad griega, no había comprendido a Apolo. Lejos de ser un dios plácido, Apolo podía ser igual de terrible que Dionisio, pues la razón dispara palabras que, como flechas, hieren profundamente. Como dioses venerados, Apolo y Dionisio representaban dos formas de locura, el primero la locura poética y el segundo la locura erótica. Dionisio encarnaba la animalidad en estado puro, la exaltación ebria; Apolo, en cambio, inspiraba a los poetas y servía asimismo a las creencias proféticas: no en vano, el Oráculo de Delfos estaba dedicado a Apolo.

'Con esto entramos en contacto con el aspecto de la crueldad, al que nos hemos referido al hablar de la obscuridad del oráculo: la destrucción, la violencia diferida es típica de Apolo. Y, de hecho, entre los epítetos de Apolo encontramos el de ''aquel que hiere desde lejos''.

A través del oráculo, los dioses retan a los mortales con palabras oscuras; los mitos también dan cuenta de ellas. El enigma de la esfinge, como otros tantos acertijos, servía de cauce en la concepción que los antiguos griegos tenían de la sabiduría. Así, cuenta la conocida leyenda que el viejo Homero murió de pena por no poder descifrar un enigma que le plantearon dos jóvenes que venían de pesca. Cuando Homero les preguntó si habían pescado algo, ellos le contestaron: 'lo que hemos visto y cogido, lo dejamos; lo que no hemos visto y cogido, lo traemos'. Los jóvenes no habían pescado nada, y se dedicaban a despiojarse, pero Homero no sabía esto. El pensador Heráclito, al contar esta leyenda, es duro con Homero, pues en la mentalidad griega, el auténtico sabio es aquel que nunca se deja engañar. De los enigmas habló también Aristóteles:

'El enigma es la formulación de una imposibilidad racional que, aun así, expresa un objeto real. El sabio, que domina la razón, debe desatar ese nudo. Por eso, el enigma, cuando entra en el agonismo de la sabiduría, debe revestir una forma contradictoria'.

El agonismo, mencionado en este fragmento, era para los competitivos griegos connatural a toda discusión, y algo propio de su cultura que permitiría el nacimiento posterior de la filosofía. En un relato sintético, Giorgio Colli nos narra cómo primero surgió del enigma divino que, desde las creencias mistéricas, un dios planteaba a los mortales a través de los oráculos; luego fueron los adivinos quienes plantearon los enigmas y, con el tiempo, los dioses fueron desapareciendo del escenario para dar paso a la sabiduría de los sabios. Pronto nació la dialéctica como lucha encarnizada en la arena del debate público, en aquel fascinante siglo quinto antes de nuestra era, el siglo de Pericles, la época de los sofistas y de Sócrates. El siguiente paso en este camino fue el dado por Platón al escribir sus Diálogos, trasladando a la escritura el alma de la dialéctica, de un agonismo siempre terrible. Pero Platón ya no se consideraba a sí mismo un sabio, tal como veía a los antiguos, sino un philósophos, un amante de la sabiduría. Tal como dijimos en la entrada, es sabido que Platón veía con desconfianza el lenguaje escrito: algo se había perdido por el camino. 

Llegados a este punto, tengo que dejar mi nota crítica de la obra que nos ocupa. Al bucear en la antigua mentalidad griega, Colli se deja arrastrar por cierta visión romántica que encumbra la sabiduría mistérica de la tradición oral en detrimento de la escritura, del camino racional y sistemático trazado desde Aristóteles en adelante. El sugestivo enigma queda así mitificado, y esto es una forma de caer en el mito de la Edad de oro, de creer que los antiguos eran más sabios por el mero hecho de provenir de tiempos brumosos y tejer enigmas, y que el progreso del conocimiento ha perdido ya la auténtica sabiduría. Un paradigma de aquellos sabios fue Heráclito, apodado 'el oscuro', que escribió que 'la verdadera naturaleza gusta de ocultarse', y solo enseñaba a los que consideraba iniciados. 

A mi juicio, la sabiduría perdida que añora Collie es, en realidad, una exégesis del arte. Por ello los mitos, siempre sugestivos, ocupan un lugar importante en su relato. Pero también, no lo olvidemos, el llamado 'paso del mito al logos' fue un largo proceso en el que convivía aún la concepción mítica con la nueva racionalización secular. En suma, comparto con el autor la admiración por el diálogo agonístico, que tiene la virtud de mover a la emoción, además de apelar a la razón, pero rechazo la trampa de ensalzar como sabiduría a los modos arcaicos embebidos de oscuro misterio.

No me extiendo más. Con 'El nacimiento de la filosofía', Giorgio Colli nos dejó un ensayo evocador, de bonito estilo, que no solo merece ser leído, sino releído muchas veces. Si quieren acudir a un libro más convencional, pero muy apropiado para acercarse a la fascinante filosofía presocrática, aprovecho para recomendarles ''De Tales a Demócrito: fragmentos presocráticos'', de Alberto Bernabé, disponible en Alianza Editorial. Pero si quieren un acercamiento más literario que académico, pero con un hilo conductor original y sugerente, lean el ensayo de Giorgio Colli del que les he hablado en esta entrada, que también encontrarán fácilmente en librerías, a un módico precio. No se arrepentirán.



Giorgio Colli, El nacimiento de la filosofía. Austral, 2024. Obra original publicada en 1975.

'Así nació la filosofía, criatura demasiado compleja y mediata para contener dentro de sí nuevas posibilidades de vida ascendente. Las extinguió la escritura, esencial para aquel nacimiento, y la emocionalidad, dialéctica y retórica a un tiempo, que todavía vibra en Platón, estaba destinada a agotarse en un breve período de tiempo, a sedimentarse y cristalizarse en el espíritu sistemático'.

4 comentarios:

  1. Es verdad que has descrito una variante de este mito o mejor dicho mitos, porque tocas varios, es una de las cosas por las que a veces la mitología me resulta tan confusa, dependiendo a quien leas ensalza o crucifica al mismo personaje pasando de héroe o villano y al final no sabes a qué carta quedarte. Ocurre con Teseo y con el Minotauro, para algunos, como ocurre en tu versión Teseo, es el héroe, aun cuando abandone a la pobre Ariadna, para otros, además de abandonar a Ariadna , no colocó la vela blanca avisando de su vuelta a casa a su padre, suicidándose y llegando de esta forma tan poco elegante al trono y aun cuando efectivamente Teseo venció al minotauro, en algunas versiones, este no era el mosntruo que dibujan de él, de hecho era un ser inofensivo, pero deforme se dejó matar por Teseo sin ofrecer resistencia alguna, vamos que era un vendito y tampoco fue concebido por Pasífae con un toro, bueno sí, pero como un castigo de Poseidón que exigió a Minos su marido, monarca de Creta que le sacrificara un hermoso toro blanco y no quiso, como venganza, el cruel Poseidón hizo que Pasifae se enamorara de un toro y de ahí nació el pobre minotauro al que su padre avergonzado encerró en el laberinto que mandó construir a Dédalo, total que Teseo al matar al minotauro mató a su cuñado porque era hermano de Ariadna.. jaja todo este rollo en el que me he perdido, sorry... para decirte que efectivamente se dice que la filosofía nace en ese hilo que le da Ariadna a Teseo, porque por primera vez se usa la razón y no la fuerza, venciendo el logos, al mito que hasta ese momento siempre era el que resolvía las preguntas existenciales : )

    Tiene muy buena pinta la propuesta que nos hace, este “nacimiento de la filosofía”, de Giorgio Colli mil gracias, tomo nota, además de tu buena opinión sobre él, ese apunte de que aun cuando tiene un enfoque académico es asequible, algunos libros sobre filosofía requieren de tanto esfuerzo y concentración que se van quedando abajo del todo en la lista ; ) y conste que me gusta mucho la filosofía, pero no es menú para cualquier momento, así que de nuevo muchas gracias, por esto y por todo ; )

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, María. Al final de la entrada, al hilo del tema, aproveché para recomendar otro libro, que es de Alberto Bernabé, y por ello creo que te has liado. El de Giorgio Colli no es nada académico, tiene un estilo casi literario y su lectura es muy amena. Colli no se centra en la filosofía presocrática en sí misma, sino que sobrevuela sobre ella; su objetivo es trazar un recorrido desde los enigmas oraculares de la antigua Grecia hasta el nacimiento de la dialéctica y, por último, de la filosofía escrita.

      Te agradezco la reflexión que dejas sobre los mitos, y tu versión del relato de Ariadna y Teseo, que complementan muy bien lo que yo he escrito. Es verdad que a todos los mitos les pasa eso, que tienen varias versiones y casi infinitas lecturas. Esa capacidad de ser leídos de distintos modos es una de sus grandes virtudes, y la mitología griega es muy rica en ese aspecto, y más cercana a nosotros, por estar enraizada en nuestra cultura, que otras mitologías, ya sean orientales o eslavas.

      Ya que hablas de la posibilidad de ver al minotauro como una víctima, en lugar de como el malo del cuento, pienso en uno de mis relatos preferidos de Borges, 'La casa de Asterión', que a pesar de ser un cuento sencillo, en comparación a otros del autor, tiene un patetismo que a mi personalmente me llega. Siempre vuelve a mi memoria ese cuento cada vez que leo algo del mito de Teseo.

      Gracias a ti por el comentario.

      Eliminar
  2. Tomo nota del libro de Colli, porque eso del enfoque literario y el estilo evocador me resulta irresistible.
    Pero también me atrae esa "ruptura" de la dicotomía entre lo apolíneo y lo dionisíaco. Hasta ahora, yo siempre había entendido también los dos conceptos como opuestos, pero la idea de que lo apolíneo también puede ser "salvaje" me encaja muy bien . Tu explicación respecto a que la razón y las palabras pueden herir igual que una flecha es muy acertada, y me lleva a aquello de "la pluma es más fuerte que la espada".
    Y esa otra idea del arte disfrazado de filosofía también me ha gustado mucho.

    En fin, una entrada, como siempre, llena de ideas sobre las que meditar, totalmente apolínea ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Ángeles. Es verdad que la dicotomía nietzscheana nos ha marcado a todos, pero me ha gustado la interpretación que hace Colli de Apolo. Y es muy apropiada la famosa frase que nos dejas.

      Estoy convencido de que este libro de Giorgio Colli te gustaría, tanto por su forma de escribir como por el propio contenido. Encima, es muy breve, y ya sabes que a veces 'lo bueno, si breve...'

      Gracias por tan amable y apolíneo comentario. Un momento... ¿No habíamos quedado en que lo apolíneo no tiene por qué ser amable? :)

      Eliminar