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Mostrando entradas de 2020

Alguien voló sobre el nido del cuco. Ken Kesey

Stoner. John Williams

 

Carta intempestiva a Jean-Jacques Rousseau

  Lago Lemán. Gustave Courbet.

Rasselas, de Samuel Johnson

  Supongo que la primera referencia que me llegó de Samuel Johnson fue en boca de Kirk Douglas, dentro de esa magnífica película que es ‘Senderos de gloria’. Ya saben, Douglas interpreta a un coronel francés de la Gran Guerra al que un general sin escrúpulos ordena mandar sus tropas a tomar una colina, aun sabiendo que más de la mitad de los hombres van a ser sacrificados. Entonces Kirk Douglas lo suelta: ‘el patriotismo es el último refugio de un canalla’. La cita es más que apropiada, pues resume en una sola frase el sentido de toda la película.  El caso es que Samuel Johnson es un verdadero depósito de citas – el autor inglés más citado después de Shakespeare, ahí es nada -, y seguro que tú, que me lees, o yo mismo, conoceremos alguna aun desconociendo que fue escrita por este señor. Por lo demás, Johnson fue un eminente ensayista y crítico literario en su siglo, siguiendo la estela de Addison. También es conocida esa biografía suya que sigue editándose en todas partes, aun...

Cándido, de Voltaire

  Su padre había querido hacer de él un abogado, pero François-Marie Arouet se rebeló contra los designios del viejo jansenista para forjar su propio destino. Hasta sus señas familiares se difuminaron, dándose a conocer al mundo como Voltaire. Aventurero ambicioso, gustaba del ambiente cortesano y aspiraba a triunfar en la poesía y el teatro, pero mientras su nombre se hacía cada vez más conocido, sus atrevimientos lo golpearon llevándole a la cárcel y al exilio. Se enamoró de Inglaterra, de sus libertades y de su empirismo, y regresó a Francia como profeta de Locke y de Newton. Durante sus forzados viajes por las cortes de Europa, fue admirado y rechazado a partes iguales, ganándose tanto amantes protectoras como la temible Madame de Châtelet, como poderosos enemigos de la altura de la Pompadour; también tuvo protectores que terminaron por renegar de él, como Federico de Prusia, pero Voltaire siempre supo caer de pie. Y ese saber caer de pie hizo que, tras una fatigosa vida, termi...

Tom Jones, de Henry Fielding

  Ilustración de Thomas Rowlandson para una edición de Tom Jones. 1792. El verismo se había impuesto en los primeros novelistas ingleses: era necesario vender las historias como reales para alejarse de los viejos romances y así ganarse al nuevo público. Defoe encubrió sus ficciones tras las narraciones de otros supuestos autores; Richardson intentó desaparecer como autor usando el formato epistolar. Fielding, sin embargo, se revolvió contra esta necesidad y se reivindicó como novelista, haciéndose además muy presente entre sus páginas. Volvemos a insistir en que aquel paso se dio recogiendo el guante de la invención española del siglo anterior, deuda de la que tanto Smollett como Fielding dejan constancia en sus escritos.  ‘La historia de Tom Jones, expósito’ (1749) es la obra mayor de Henry Fielding, un novelón que suele describirse como ‘arquitectónico’ por la planificación ordenada de la trama a través de sus dieciocho partes, cada una de las cuales es precedida por un capí...

Las aventuras de Roderick Random, de Tobias Smollett

  An election entertainment (fragmento). William Hogarth. Entre los canónicos creadores de la novela inglesa, Tobias Smollett ha sido quizás el patito feo. No me entendáis mal: pertenece a esa casta de neoclásicos de primera fila, pero no fue tan innovador como sus ilustres colegas. Supongo que también le pesó en su día esa inclinación por lo físico, por lo escatológico, que a ojos de algunos de sus contemporáneos era de peor gusto; lo cual es una pena, porque es una de sus mayores bazas. Y aunque un servidor considera a su ópera prima, que hoy nos ocupa, a su manera del mismo interés que el ‘Tom Jones’ de Fielding, publicado poco después, desde la perspectiva literaria creo que pierde el combate por puntos.  La imagen que nos ha llegado de Smollett es la de un gentleman escocés de carácter huraño y resentido. Siendo joven, y habiendo estudiado en Glasgow, acudió a Londres a buscarse fortuna como dramaturgo, pero fracasó en sus intentos y terminó por enrolarse en un buque de ...

Jonathan Wild, de Henry Fielding

  ' The Idle ‘Prentice at Play in the Church Yard... '. William Hogarth, 1747. Inglaterra había sufrido un ascenso de criminalidad desde finales del siglo anterior, lo que incidió en las penas vinculadas a los delitos contra la propiedad, aumentando los tipos penales que conllevaban pena de muerte - el llamado Bloody Code -. Daniel Defoe muestra esta realidad en ‘ Moll Flanders ’. Los hampones sabían que se jugaban el tipo, y por eso tenían que ser más duros. Pronto fue vox pópuli que no solo había que temer a los rateros, sino también desconfiar de la policía corrupta y de determinados ‘bienhechores’ que, aprovechándose de la candidez de las buenas gentes, se llenaban los bolsillos a manos llenas. Durante las primeras décadas del siglo XVIII, en Londres había auténticas redes de crimen organizado, y el peor criminal de todos, que en los años veinte se haría célebre al destaparse su tinglado, fue Jonathan Wild. El propio Defoe documentó sus hazañas, como ya comentamos en otro ...