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Mostrando las entradas etiquetadas como Fielding

Shamela: la parodia de un best-seller

  Samuel Richardson (izquierda) y Henry Fielding (derecha).

Tom Jones, de Henry Fielding

  Ilustración de Thomas Rowlandson para una edición de Tom Jones. 1792. El verismo se había impuesto en los primeros novelistas ingleses: era necesario vender las historias como reales para alejarse de los viejos romances y así ganarse al nuevo público. Defoe encubrió sus ficciones tras las narraciones de otros supuestos autores; Richardson intentó desaparecer como autor usando el formato epistolar. Fielding, sin embargo, se revolvió contra esta necesidad y se reivindicó como novelista, haciéndose además muy presente entre sus páginas. Volvemos a insistir en que aquel paso se dio recogiendo el guante de la invención española del siglo anterior, deuda de la que tanto Smollett como Fielding dejan constancia en sus escritos.  ‘La historia de Tom Jones, expósito’ (1749) es la obra mayor de Henry Fielding, un novelón que suele describirse como ‘arquitectónico’ por la planificación ordenada de la trama a través de sus dieciocho partes, cada una de las cuales es precedida por un capí...

Jonathan Wild, de Henry Fielding

  ' The Idle ‘Prentice at Play in the Church Yard... '. William Hogarth, 1747. Inglaterra había sufrido un ascenso de criminalidad desde finales del siglo anterior, lo que incidió en las penas vinculadas a los delitos contra la propiedad, aumentando los tipos penales que conllevaban pena de muerte - el llamado Bloody Code -. Daniel Defoe muestra esta realidad en ‘ Moll Flanders ’. Los hampones sabían que se jugaban el tipo, y por eso tenían que ser más duros. Pronto fue vox pópuli que no solo había que temer a los rateros, sino también desconfiar de la policía corrupta y de determinados ‘bienhechores’ que, aprovechándose de la candidez de las buenas gentes, se llenaban los bolsillos a manos llenas. Durante las primeras décadas del siglo XVIII, en Londres había auténticas redes de crimen organizado, y el peor criminal de todos, que en los años veinte se haría célebre al destaparse su tinglado, fue Jonathan Wild. El propio Defoe documentó sus hazañas, como ya comentamos en otro ...