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Entradas

Imposturas intelectuales

Desde el siglo diecinueve, las ciencias y las letras han tenido distintos encontronazos, muchos de los cuales podían haberse evitado desde la honestidad intelectual.  C. P. Snow hizo célebre, en una conferencia de mediados del siglo pasado, el conflicto entre 'las dos culturas', criticando la supuesta superioridad que se atribuían, según él, las humanidades por encima del conocimiento científico. Snow se refería a lo que entendemos vulgarmente por 'cultura general': una persona que no haya leído en su vida ningún clásico de la literatura podría ser tildado de inculto, pero a nadie se le exige que conozca el segundo principio de la Termodinámica, por muy básico que sea para la Física.  Las afirmaciones de Snow, aunque sirvieron para abrir un largo debate, se basaron en su particular percepción. Sobra decir que el conflicto entre las dos culturas es un planteamiento espurio: por supuesto, hay casos de  humanistas que desprecian la ciencia y de científicos que desprecian l
Entradas recientes

Gran Hotel Abismo. Stuart Jeffries

 'Todavía creo que nuestra causa (que no es solo nuestra) es mejor defendida por los estudiantes rebeldes que por la policía y, aquí en California (y no solo en California), veo pruebas de esto todos los días (…) No podemos borrar del mundo que estos estudiantes están influidos por nosotros (y con certeza no menos por ti). Yo estoy orgulloso de ello y dispuesto a entender el parricidio, aunque a veces duele’. Fragmentos de una misiva de Marcuse a Adorno, desde San Diego a Frankfurt, enviada en abril de 1969. Eran malos tiempos para la lírica, al menos tal y cómo la entendían los viejos rockeros de la primera generación de la Escuela de Frankfurt. Jóvenes manifestantes anti-sistema se dedicaban al recreativo deporte de reventar las conferencias de Theodor Adorno, al que dedicaban ofensivos versos libres en los que incitaban, básicamente, a no dejarle en paz. Escraches, lo llamarían ahora. En una de tantas ocasiones, Adorno no vio más remedio que llamar a la policía, y eso le enfrent

Tiempo de magos. Wolfram Eilenberger

 Terminada la Gran Guerra, comenzó el siglo veinte: zepelines y ruidosos biplanos surcaban el cielo, los tranvías recortaban las calles de las capitales, el silente cinematógrafo se popularizaba como espectáculo trepidante, el jazz sonorizaba las fiestas nocturnas. Champagne para brindar por la paz y la modernidad. Los locos años veinte. Tampoco podemos olvidar a los lisiados de aquí y de allá, víctimas de la guerra. ¿Y Alemania? La República de Weimar implicó un caos de inestabilidad electrizante a lo largo de toda la década, una década de fuertes ideologías, del todo o nada, de las posiciones extremas. Wolfram Eilenberger ha escrito un libro sobre cuatro filósofos del entorno alemán y su evolución a lo largo de los diez años que transcurrieron tras la guerra, pero también, y casi diría que sobre todo, ha escrito un libro cuyo protagonista principal es precisamente esa década clave. ‘Tiempo de magos. La gran década de la Filosofía. 1919-1929’ nos mete en una serie de planos privilegia

La maldición de los hombres pantera

 El otro día me dio por publicar, para variar, una entrada sobre cine; en realidad, solo quería publicar una pequeña serie de entradas en las que hablar de mis películas favoritas, para que ustedes me contaran, a su vez, las suyas, y así compartir recomendaciones. Pero, a poco de publicarla, la retiré. Y es que quiero que este blog se mantenga centrado en comentar libros, para evitar la dispersión temática.  Así que, tras darle un par de vueltas, he decidido abrir un segundo blog con el fin de dar cabida a esa lista de películas. En cualquier caso, este seguirá siendo mi blog principal. No quiero engañarles: no me veo actualizando regularmente dos blogs, así que evito de antemano comprometerme a fondo con el nuevo, una vez termine esa serie de entradas prevista; pero supongo que mantendré sus constantes vitales con esporádicas publicaciones. Siento estar causándoles una migraña con tanta justificación sobrevenida, así que sin más preámbulos aquí les dejo el enlace de...  La maldición d

A la sombra de las Luces: la novela que escandalizó a Francia

 '¿Para qué sirven las novelas? ¿Que para qué sirven, hombres hipócritas y perversos? Porque solo vosotros planteáis esa ridícula cuestión: sirven para pintaros tal como sois.' Quédense con esta cita, porque nos dice mucho tanto sobre la época como sobre su autor. Lo cierto es que, durante la última década del siglo, Donatien Alphonse François, Marqués de Sade, tenía motivos para defender este tipo de literatura. Muerto en vida (ya había sido ajusticiado en efigie) tras haber pasado demasiados años encarcelado en varias prisiones y hallándose al fin en Charenton, el escritor maldito no quería desaparecer sin asegurar su personal legado. Sus libros más atrevidos habían sido publicados anónimamente y circulaban entre el respetable, animando el escándalo, pero él ambicionaba poder ver al fin su firma en una obra importante, algo que le reportase algún beneficio económico y pudiera legar a la historia de la literatura sin perder la cabeza en el intento. Así, en 1799, el año del 18

Caleb Williams, de William Godwin

 Recuerdo que, hace años, cierto profesor universitario con el que traté, especializado en la ópera romántica, respondió con algo de desdén a mi interés por la novela gótica. 'Eso fue cosa de ilustrados', dijo, restándole importancia. Aunque hay algo de verdad en esa afirmación, en realidad no es muy afortunada, ya que tanto la literatura gótica como la romántica pueden entenderse como reacciones al racionalismo neoclásico. Ya hemos comentado aquí cómo Radcliffe, siendo la autora más influyente del gótico, no puede desvincularse de la estética romántica. Pero, más allá de los recursos estéticos, una de las distinciones más claras es que el gótico no tenía por qué socavar la base racional del mundo: el terror aparece para alterar el orden moral, pero en último término existen un bien y un mal definidos. Esta distinción que acabo de hacer no siempre será apropiada, aunque puede servir para aclarar un poco la confusión. Dicho esto, hoy recomendaré un ejemplo de novela gótica ingle

La religiosa, de Diderot

 Tenía pensado publicar al menos una entrega más de la serie ‘Pasadizos góticos’, pero me estaba quedando tan extensa que he decidido retomar el formato breve. En las siguientes entradas recomendaré varias novelas que, siendo más o menos de la misma época, no están limitadas por los códigos del género gótico. Otro punto en común es que muestran los horrores del Antiguo Régimen y, aun teniendo distinto calibre e importancia, fueron controvertidas y ocasionaros problemas a sus autores.  Vamos a comenzar por una novela que aprecio mucho. Denis Diderot escribió ‘La religiosa’ en la década de los sesenta del siglo dieciocho, pero esta obra no pudo ser publicada sino póstumamente, en 1796; hubiese sido imposible que apareciese antes.  ‘La religiosa’ promueve la denuncia a través de la emoción, y no ha envejecido nada en su grito de fondo. El autor se inspiró en la historia real de Susana Simonin, una monja francesa que solicitaba ser retirada de sus votos. En una época en la que las leyes de