Begoña. El sonido del timbre tarda en enmudecer. A mi lado, Clara mantiene la mirada fija en la puerta cerrada, como si pudiera ver a través de ella. ¿Por qué tardará tanto en abrirnos? Al fin, se oye el chasquido de las llaves al otro lado, pero la que nos abre no es Naiara. Aupa, chicas…- Es Marta la que nos invita a entrar. ¿Llevará mucho aquí? Atravieso el descansillo, el mismo que he pisado tantas veces, y me dirijo al salón. Me sorprende que Naiara no haya puesto música a todo trapo, como suele hacer; pero allí está ella, recostada en el sillón como la ama de la casa que es, contenta por mi llegada. Me siento en el sofá y, solo después de acomodarme, se atreve a hacerlo Clara; es curioso, lleva mucho tiempo viniendo con nosotras, pero aún no ha cogido la confianza suficiente. Aunque, si lo pienso, puedo entenderla: este salón, este piso, incluso este sofá debe ser para ella como de otro mundo. Los padres de Naiara tienen dinero, y ella siempre ha gozado de ciertas comodidad...
Julián . No sé cuánto rato llevo tumbado en la cama mirando a las musarañas; he perdido una tarde de estudio por mis malditos nervios. No me acostumbro a la gente de la residencia, pero no me importa aislarme del resto: me parecen todos unos idiotas, es fácil leer sus motivaciones y no las comparto. Hago memoria mientras mantengo las manos cruzadas bajo la cabeza, sobre la almohada; el balance es positivo, las clases van bien, y la gente de aquí no es tan lista como se cree; podré despuntar sin problema, ser de los mejores de mi promoción, pero debo ser estricto con mi plan, sin dejar que una cosa así me descentre. ¿Y qué ha pasado? Ese Urko no parece mal tío, es el primer compañero con quien hice migas desde el primer día, y como soy nuevo aquí, y todavía no conozco a nadie, me ha invitado a salir con los suyos hoy, que es sábado. ¿Acaso tiene eso algo de raro? No debería estar nervioso. Saldré, departiré un rato, y mañana me organizaré bien; y sin embargo aquí estoy, perdiendo ...