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Entradas

Noche de octubre de 2002 (3)

  Begoña. El sonido del timbre tarda en enmudecer. A mi lado, Clara mantiene la mirada fija en la puerta cerrada, como si pudiera ver a través de ella. ¿Por qué tardará tanto en abrirnos? Al fin, se oye el chasquido de las llaves al otro lado, pero la que nos abre no es Naiara. Aupa, chicas…- Es Marta la que nos invita a entrar. ¿Llevará mucho aquí? Atravieso el descansillo, el mismo que he pisado tantas veces, y me dirijo al salón. Me sorprende que Naiara no haya puesto música a todo trapo, como suele hacer; pero allí está ella, recostada en el sillón como la ama de la casa que es, contenta por mi llegada. Me siento en el sofá y, solo después de acomodarme, se atreve a hacerlo Clara; es curioso, lleva mucho tiempo viniendo con nosotras, pero aún no ha cogido la confianza suficiente. Aunque, si lo pienso, puedo entenderla: este salón, este piso, incluso este sofá debe ser para ella como de otro mundo. Los padres de Naiara tienen dinero, y ella siempre ha gozado de ciertas comodidad...
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Noche de octubre de 2002 (2)

  Julián . No sé cuánto rato llevo tumbado en la cama mirando a las musarañas; he perdido una tarde de estudio por mis malditos nervios. No me acostumbro a la gente de la residencia, pero no me importa aislarme del resto: me parecen todos unos idiotas, es fácil leer sus motivaciones y no las comparto. Hago memoria mientras mantengo las manos cruzadas bajo la cabeza, sobre la almohada; el balance es positivo, las clases van bien, y la gente de aquí no es tan lista como se cree; podré despuntar sin problema, ser de los mejores de mi promoción, pero debo ser estricto con mi plan, sin dejar que una cosa así me descentre. ¿Y qué ha pasado? Ese Urko no parece mal tío, es el primer compañero con quien hice migas desde el primer día, y como soy nuevo aquí, y todavía no conozco a nadie, me ha invitado a salir con los suyos hoy, que es sábado. ¿Acaso tiene eso algo de raro? No debería estar nervioso. Saldré, departiré un rato, y mañana me organizaré bien; y sin embargo aquí estoy, perdiendo ...

Noche de octubre de 2002 (1)

Urko. El vapor es tan denso que no consigo desempañar el espejo; lo froto con la mano y algo parecido a mi cara se esconde tras el vaho y las gotas de agua. Disparo el Axe contra las axilas, para terminar de cargar el aire, y tío, hoy estoy que me salgo. La ama lleva un rato al loro con eso de que gasto mucha agua, así que salgo escopetado del baño, liberando la humedad como quien escapa de una sauna. Consigo llegar al cuarto sin toparme con nadie y me visto deprisa; camiseta nueva, la pulsera de la Bego y los pantacas de los sábados. Giro la cabeza y ahí está, como una aparición; la ama me mira seria desde el quicio de la puerta. Cuando se pone así, conviene hacerse el longui. ¿Sabes cuánto tiempo has tardado en ducharte? Lo sé, ama, se me ha ido al santo al cielo – gesticulo como quien se acaba de dar cuenta de algo. ¿Ya te vas? ¿Vendrás a cenar luego? Cenaré en casa de Bego – respondo, mintiendo como un bellaco. Me despido y sorteo el pasillo hasta la entrada; el aita me dice algo, ...

La ciudad y los perros. Vargas Llosa

Hay una escena de 'La ciudad y los perros' en la que el cadete Alberto Fernández se presenta frente al teniente Gamboa y éste descubre, entre sorprendido e indignado, que el uniforme del cadete está lejos del orden protocolario: cada pieza de la ropa es de una talla distinta, e incluso el calzado no parece corresponderse. Gamboa no se fía del cadete, pero lo que le cuenta supone para él una revelación. ¿Acaso el problema no es solo del cadete Fernández? ¿Acaso hasta ahora ha estado engañado sobre lo que de verdad ocurre en los barracones? El control, el orden, la disciplina, todo lo que es tan querido por el teniente está a punto de derrumbarse. Muchas veces lo había visto entre sus iguales, los oficiales de su quinta, pero aquello no había conseguido sino reforzarle en sus principios; podía mirar con condescendencia cómo otros perdían el norte, porque nada de eso atacaba los cimientos de la institución militar. Las entrevistas con el cadete Fernández, con su ropa desordenada, ...

Talento y poder. Antonio Beltrán

En filosofía son conocidas dos posturas básicas - entre otras más matizadas - referidas a la adecuación entre las teorías científicas y el mundo real; el problema es de índole epistemológico, con su correlato ontológico. Por un lado, el realismo propugna que la ciencia describe la realidad tal y como es; por el otro, el instrumentalismo concibe las teorías y modelos de la ciencia como meros andamiajes útiles para la predicción de fenómenos, sin pretender asumir que nos acercan a la verdad de las cosas. Esta segunda postura fue atribuida anacrónicamente, tanto por filósofos instrumentalistas como por revisionistas católicos, a los críticos contemporáneos de Galileo. Entre los objetivos se hallaba la exoneración de la Iglesia de uno de sus mayores errores históricos. Es difícil exagerar la audacia intelectual de Galileo Galilei, quien no solo aportó impresionantes descubrimientos que refutaban la cosmovisión tradicional - las manchas solares, los cráteres lunares que cuestionaban la perf...

El Gorgias de Platón

Jacques-Louis David (1771).  Combate de Marte contra Minerva

El Protágoras de Platón

  Pieter Paul Rubens (1637). Prometeo trayendo el fuego