martes, 7 de marzo de 2023

Silencio. Shusaku Endo

 


La literatura japonesa esconde algunos heterodoxos alejados de los cánones políticos o culturales de su país, tales como Takiji Kobayashi, autor de 'Kanikosen' (El pesquero), novela de crudo realismo que aprovecho para recomendar. Militante del partido comunista, Kobayashi murió a comienzos de los años treinta en manos de la brutal policía política del Imperio del Sol Naciente. Un caso muy distinto, y desde luego menos dramático, lo encontramos en un bicho raro de las letras niponas, Shusaku Endo, escritor católico.


Al igual que en el caso de Kobayashi, la obra de Shusaku Endo se mantuvo en la marginalidad y se ha reivindicado en los últimos tiempos. La adaptación cinematográfica de su novela más conocida, 'Silencio' (2016), a cargo de Martin Scorsese, fue un film que disfruté mucho en su estreno, así que en cuanto pude acudí a la novela original. Las comparaciones son innecesarias cuando hablamos de expresiones distintas, y la película es meritoria dadas las dificultades de llevar a la gran pantalla un material de naturaleza tan literaria, aunque debo decir que en este caso me quedo con el libro, prosa que ahonda con maestría en los conflictos morales de la conciencia individual de un sacerdote católico en tierra extraña. 

La trama se desarrolla en el Japón del siglo XVII, tras la rebelión de Shimabara, en plena persecución de los cristianos. Cien años antes habían arribado allí los jesuitas, patrocinados por Portugal y encabezados por el navarro Francisco Javier, que conduciría al llamado 'siglo cristiano' del Japón, por la tolerancia inicial que los samurais mostraron por los padres católicos. El interés que la Compañía de Jesús tenía por predicar el evangelio en el Extremo Oriente supo congeniar muy bien con los intereses mercantiles y políticos de las naciones occidentales. Portugal tenía en la ciudad portuaria de Macao, en el extremo oriental de China, una base de operaciones perfecta para el comercio; desde allí partían también los sacerdotes hacia Japón. Sin embargo, a finales de siglo y sobre todo con la posterior llegada al poder del shogun Tokugawa Ieyasu, los cristianos comenzaron a ser perseguidos y obligados a abandonar Japón. El cristianismo fue visto como una amenaza en el país, y la presión de los bonzos budistas contribuyó a extremar esa política.

Durante la dura persecución de comienzos de siglo, el jesuita portugués Cristobal Ferreira había dirigido la misión de la Compañía en Japón y fue uno de los informantes de lo que allí estaba sucediendo. Pero, en 1633, tras ser torturado cabeza abajo en una fosa (uno de los suplicios más utilizados en aquel momento contra los cristianos) apostató. Disponemos de poca información histórica de aquel suceso, aparte de saber que Ferreira pasó a llamarse Sawano Chuan y que vivió durante años como un japonés, escribiendo varios libros sobre medicina y astronomía, e incluso un supuesto panfleto que desvelaba los engaños del cristianismo. Para los historiadores, la vida de Ferreira y su repentina apostasía, sobre todo tratándose de un hombre que había aguantado lo indecible durante su misión, está rodeada de tanto misterio que se ha llegado a hablar del 'enigma Ferreira'. Aquí acaba la historia y comienza la leyenda, pues Shusaku Endo se sirve de Ferreira para dar forma a su novela.

Fotograma de 'Silencio', adaptación de Martin Scorsese.

En 1638, el momento en que comienza la trama de 'Silencio', las misiones católicas en Japón han desaparecido, y las pocas que se mantienen aún lo hacen en la más peligrosa clandestinidad. Sebastián Rodrigues y Francisco Garpe, dos jóvenes jesuitas portugueses, deciden arriesgar su integridad para adentrarse en el corazón de las tinieblas japonés y, entre otras cosas, buscar a Ferreira, el que fuera su mentor en el seminario. Tras muchas penurias entre los campesinos japoneses, cristianos ocultos - los llamados kakure kirishitan -, ellos también serán descubiertos y capturados.

Merece destacarse la narración de 'Silencio' porque, tras un prólogo que nos informa documentalmente sobre la situación de la Compañía de Jesús en Japón y la supuesta apostasía de Ferreira, comienza la voz del jesuita Rodrigues en primera persona, a través de una relación epistolar con su superior en Macao - el histórico Alessandro Valignano -, para cambiar repentinamente, cuando Rodrigues es capturado, a una narración en tercera persona que en ocasiones muestra al personaje con extrañeza, casi con lejanía, como si el propio Rodrigues se viera a sí mismo desde fuera. 

El lector puede seguir los pensamientos del protagonista casi en todo momento, pero la treta del escritor me sugiere varias cosas: por un lado soluciona la verosimilitud que distingue los momentos en los que puede existir una relación postal y los que no, y por otro va acorde con la relación de Rodrigues y la Iglesia católica; pues, a partir de cierto momento, el protagonista rompe sus hilos con su rol y su estatus, así como finalmente con su nación. Al final de la novela, Endo recurrirá de nuevo a la fría narración basada en documentos. Para entonces ya hemos dejado de conocer qué pasa por la cabeza de Sebastián Rodrigues.

‘Sentía invadirme el pecho una emoción repentina, que era mitad gozo mitad felicidad. Era la emoción gozosa de sentirme útil. Sí, soy útil a los hombres en este rincón del mundo, en este país que usted jamás ha visto’.

La misión principal del proyecto de vida jesuítico se cifra en servir y ser útil a Dios y a los demás. No en vano, Ignacio de Loyola fue militar, y organizó la Compañía al modo de un ejército, usando también para ello terminología militar. Esto hizo de los jesuitas una milicia de vanguardia en la reforma católica. Los miembros de la Compañía que viajaban a Oriente debían preocuparse por estudiar las costumbres del país y el idioma, de cara a estar mejor preparados para la labor misionera de predicar el Evangelio. Sebastián Rodrigues confiesa su sueño de convertirse en un cristiano japonés y aprender también de los kakurekirishitan que viven allí escondidos, como en los tiempos de las catacumbas. Aunque no haya ya padres japoneses, los jisama se encargan del bautismo y los tossama del catecismo.

Ya había dejado sentado Francisco Javier que los japoneses eran el pueblo oriental mejor adaptado al cristianismo, pero ¿era eso verdad? Imbuido en esta misión aprendida en el seminario, Sebastián se muestra ciego ante los primeros problemas con los que se encuentra: los cristianos japoneses dan demasiada importancia a los ídolos materiales, tales como cruces o vírgenes, hasta el punto de que su práctica sería considerada idolatría en el Occidente cristiano. También la propia idea de Dios estaba en cuestión, pues hasta el mismísimo Francisco Javier se había dado cuenta del malentendido en Japón: cuando los nativos hablaban de Dainichi, mezclaban al Dios cristiano con la divinidad solar, dentro de una religiosidad apegada a la naturaleza. Este fenómeno que supone problemas de comunicación entre distintas culturas, que a veces llevan a una síntesis nueva de prácticas y símbolos, es el llamado sincretismo religioso. 

‘Hasta yo mismo sentía cierta preocupación al ver que a veces los campesinos honraban más a María que a Cristo’.

Fotograma de 'Silencio', adaptación de Martin Scorsese.

El portugués se ampara en la pureza de su misión, pues cree llevar el consuelo a campesinos que viven en la miseria, pero sus dudas comienzan a asaltarle cuando es testigo de cómo esos campesinos a los que intenta ayudar sacrifican sus vidas por no renunciar a su fe. El martirio es uno de los temas fundamentales de 'Silencio'; el escritor nos relata el trámite de la muerte de los japoneses católicos sin pretender épica alguna. El pasaje del suitaku - tortura consistente en atar a los prisioneros a un palo en la playa y esperar que mueran por agotamiento - es desolador, y nuestro jesuita queda reducido a mero testigo impotente. El escenario marítimo termina de retratar estas escenas, pues el inmenso mar está sordo ante la desgracia humana. Así pues, el jesuita cuestiona su misión y su fe, a las que ha hipotecado su vida.

‘Había venido a morir por los hombres y en realidad eran los cristianos japoneses los que estaban muriendo uno tras otro por él. ¿Qué hacer? No lo sabía. En la conducta humana no cabía una distinción tan clara como en los textos de moral: esto es virtud, esto es pecado, esto es bueno, esto es malo’.

En su huida a través de los montes, entre aldeas abandonadas y caminos pedregosos, Rodrigues tendrá su última cena a base de pescado salado, y será traicionado por trescientas monedas, acabando en Nagasaki, en manos del temible Inoue Masashige, señor de Chikugo. El paralelismo con la pasión de Cristo es más que evidente, pero el Pilatos japonés no es el villano que espera encontrarse el jesuita, sino un hombre práctico que prefiere atajar el problema del cristianismo de un modo inteligente, obligando a apostatar a los sacerdotes para dar ejemplo a los campesinos japoneses, cuya cosmovisión se fundamenta en el pensamiento colectivo y la férrea jerarquía. Así, Inoue amenazará a Rodrigues con castigar a los cristianos japoneses hasta que él se decida a apostatar. 

Durante su cautiverio, Sebastián Rodrigues también llegará al esperado clímax en el que se topa por fin frente con su viejo mentor Ferreira, ahora convertido en apóstata, y éste tratará asimismo de convencerle para abandonar sus sueños triunfalistas de imitación de Cristo y pisar el fumie, lo que conllevaría la traición simbólica al cristianismo, a la Iglesia y a su propia nación; la negación, en suma, de todos sus principios y hasta de su propia identidad. Solo realizando el sacrificio de la apostasía logrará salvar a los futuros mártires de la fe, los cristianos japoneses. Tras un largo proceso de deliberación, durante el cual Sebastián se mantiene casi hasta el final decidido a mantener sus ideales, finalmente cede y une su destino al de Ferreira.

‘Era una fantasía aterradora. Si Dios no existiera, ¡qué ridículo resultaba todo!'

Fotograma de 'Silencio', adaptación de Martin Scorsese.

No puedo terminar esta reseña sin hablar de uno de los personajes más importantes de 'Silencio', que es Kichijiro, la representación de Judas y de su misterio. Este japonés sucio, borracho y cobarde acompaña a nuestro protagonista a través de toda la novela, y es para él un enigma. El pasaje evangélico de Judas en la Última Cena es una referencia constante en la historia que nos cuenta Endo. El personaje de Kichijiro solo es traidor por cobardía ante la persecución. La compasión por Judas necesita de su comprensión, y el autor termina situando al fuerte cara a cara con el débil.

El propio Shusaku Endo, como japonés católico que era, debió conocer bien lo que supone defender una religión en tierra extraña, o más bien defender una religión extraña en su propia tierra. Desde el punto de vista religioso, 'Silencio' es una novela abiertamente cristiana, de un cristianismo profundo aunque heterodoxo. El título se refiere también a una de las temáticas más importantes del cristianismo contemporáneo: el silencio de Dios, la falta de respuestas ante el mal y el sinsentido del mundo. No hace falta ser creyente para acercarse a la novela desde esta problemática, ya que el conflicto religioso que sufre Sebastián Rodrigues es asimismo un conflicto moral.

Tras darse cuenta de su propia inutilidad como misioneros en Japón, los apóstatas literarios ahondan en su fe a través de medios útiles, y estos medios requieren abandonar su forma de vida tal y como la habían concebido. Rodrigues, al igual que Ferreira, vivirán en Japón con mujer e hijos, pero también vivirán como apóstatas y traidores para el mundo. Sus principios permanecerán en su propia conciencia individual, un ejercicio que, por cierto, es apropiado imaginar como un desarrollo propio de la individualidad jesuítica y, en general, del cristianismo moderno. El dramatismo del Vía Crucis queda así suprimido y reducido a un proceso interior, del que solo la propia persona debe dar cuenta; todo lo demás resulta superficial, simple vanagloria social. Con ello, Endo abraza la subjetividad moderna frente a la moral pública y los valores tradicionales, ya sean japoneses u occidentales; la defensa de la conciencia individual frente a la incomprensión de un mundo hostil. 


Shusaku Endo, Silencio. Edhasa, 2009. Traducido por Jaime Fernández y José Vara. Obra original publicada en 1966.


11 comentarios:

  1. La literatura japonesa más allá de los casos más obvios: Mishima, Yasunari Kawabata, Murakami etc.. no me es muy familiar y percibo que en Occidente con el triunfo arrollador del Manga que considero un género formidable y que es casi el 40 por ciento de su producción editorial, sigue algo alejada del cogollo mediático.

    El tema del triunfo de los cristianos en Japón durante un siglo es un tema apasionante. Su aniquilación posterior por la xenofobia de una sociedad feudal y sanguinaria también. Conozco algunos retazos de esa historia y es sorprendente como gran parte de la población abrazó la fe de Cristo en un lugar donde la religión no era un tema especialmente ardiente. En realidad se trató de un país aislado del mundo que reacciona de una forma xenófoba y ciertamente criminal frente a una creencia que libera a la masa de gente humilde de su explotación secular por los nobles y sus secuaces samurais. El cerramiento posterior hasta la época Meiji da cuenta del miedo de la casta gobernante Tokugawaa a perder su poder y que se cuestionase su predominio.

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    1. Sin duda el manga y el anime han tenido mucho éxito, sin olvidar la importante industria de los videojuegos, donde Japón es uno de los indiscutibles protagonistas undiales (Sony, Nintendo...), la tecnología audiovisual, etc. Los japoneses han sabido vender muy bien sus productos en Occidente, y en esa exportación de la marca nacional ha participado activamente su Estado, siendo en ese aspecto un caso único en Oriente.

      La literatura no puede compararse en presencia a los otros medios, pero diría que, pese a todo, también nos ha llegado en mayor cantidad que la de otros países ''exóticos'' para nosotros, como los casos que citas. A Murakami nunca lo he leído, por cierto: por alguna razón me da cierta pereza, o más bien le tengo algo prejuzgado, quizá injustamente, pero algún día lo cataré. Shusaku Endo es de los menos conocidos: yo ni había oído nombrarlo hasta que salió la película de Scorsese.

      Sí que es un tema apasionante el de los cristianos en Japón, una aventura tanto religiosa como política. El periodo Edo, como dices, fue una suerte de feudalismo (por usar nuestro concepto) aplastante para las masas populares. En aquellas épocas todas las naciones eran xenófobas, pero los shogun cortaron de raíz cualquier injerencia extranjera para el mayor control.

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  2. Interesante artículo. Reconozco que la literatura japonesa se me resiste, me parece escrita por marcianos, y eso que, a otro nivel, disfruto bastante del manga.
    No conocía a Shusaku Endo, ni la novela ni la peli. El fallido intento del catolicismo de expandirse por oriente siempre me ha interesado. Más allá de consideraciones morales y culturales, creo que fue visto como una manera sutil de colonización occidental. Hoy en día los problemas entre el Vaticano y China creo que van todavía por ahí. Y después está la epopeya de los evangelizadores, cómo el creerse en posesión de la verdad les daba fuerzas para semejantes lances. Y lo de la apostasía de Ferreira es llamativo, los jesuítas tenían una fe pétrea.

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    1. Yo he leído poco manga, aunque de crío coleccioné todos los tebeos de Dragon Ball ,que compraba puntualmente cada semana en su primera edición (a 175 pesetas el ejemplar). Como sabes, aquel shonen juvenil fue un hito en nuestro país, pues fue la puerta de entrada del manga y el anime posterior. Pero luego apenas he tenido contacto con el género. Seguro que hay buenas obras que me estoy perdiendo.

      Es verdad que las empresas evangelizadoras siempre iban acompañadas de intereses políticos y colonizadores, y aunque muy tarde, Japón lo ha experimentado desde su apertura contemporánea. En aquel caso, veo muy loable el intento por las posibilidades de aprendizaje y comercio mutuo y por pretender llevar la individualidad jesuítica al campesinado japonés hambriento, cuya cultura estaba tan alejada de la occidental, como apuntan el Doctor y Rick. El choque cultural era complicado incluso sin tener en cuenta la represión posterior.

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  3. El tema me ha resultado interesantísimo y totalmente nuevo, por desconocido para mí.
    Parece una historia terrible, heroica y apasionada, pero no creo que me atreva con ella, por la crudeza de las imágenes que tanto la novela como la película deben contener.
    Pero tu entrada, como siempre, un extraordinario despliegue intelectual.

    Saludos!


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    1. Me alegro de que te haya interesado. Tanto la novela como la película tienen pasajes duros, pero muy justificados para la historia que se cuenta. Y está bien contado.

      Gracias por el comentario.

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  4. Uf, es un mundo totalmente ajeno para mí. La mentalidad asiática me desborda, tal vez yo sea demasiado occidental para entenderla. Pero siempre me ha chocado un poco una aparente contradicción (o eso me parece a mí) entre una supuesta capacidad de abstracción que yo siempre he asociado con Oriente (tampoco sé por qué) y el sincretismo religioso. Vamos, que por una parte veo a los orientales como unos personajes tendentes a la espiritualidad (el budismo, por ejemplo), y al mismo tiempo -como las tribus americanas "evangelizadas"- mucho más cercanos a la Naturaleza que nosotros: el sintoísmo, cualquier rama del animismo nos resulta bastante ajena. Lo que, por otra parte, choca -o no- con esa devoción que citas hacia los ídolos materiales.

    La Compañía de Jesús. Un poder dentro de otros. Tú que eres vasco habrás oído muchas veces esa teoría de que ETA "nació en un convento, de padre PNV y de madre jesuita". Vamos, un doble jesuitismo. Y por qué los Austrias no querían que la Compañía fuese a Sudamérica, y etc, etc. En fin, estoy divagando.

    Como siempre, una entrada luminosa. Da gusto venir aquí, aun

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  5. ... aunque no tenga ni idea del asunto. Se aprende mucho.

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    1. Creo que esa lejanía de su cultura con respecto a la nuestra es parte de su atractivo. Como le decía al Doctor Krapp, los japoneses han sabido venderse muy bien, pero eso en absoluto es óbice para que nos hayan aportado obras de categoría en todo tipo de terrenos.

      A mí también me atraen esas características que comentas, que son el cogollo del espíritu nipón. La cultura japonesa, como dices, está muy ligada a la naturaleza. Cuando en Occidente triunfaba el retrato, allí se plasmaban árboles, ramas, montañas... Tanto en el arte como en la vida cotidiana, se buscaba esa integración en la naturaleza. Creo que el apego a los ídolos materiales que cuenta Endo en la novela, al respecto de cómo pudieron asimilar el cristianismo en sus comienzos, puede reflejar no que no tuvieran capacidad de abstracción, sino que la tenían de modo distinto a la nuestra, o que estaban interpretando un relato completamente ajeno a su mundo, y aquello no podía hacerse sin falta de comunicación. Sea como sea, es verdad que esa espiritualidad nos resulta extraña.

      Y no has divagado en absoluto, pues lo que señalas es muy certero. La Compañía de Jesús ha sido una iglesia dentro de la Iglesia, y por algo a su general se le ha llamado el ''Papa Negro'', llegando en sus mejores tiempos casi a crear un país propio en América del Sur, lo que despertaba las suspicacias de monarcas europeos y hasta expulsiones, pues se les tenía por espías o intrigantes, gentes demasiado formadas y con intereses propios. En mi tierra han tenido una influencia especial, efectivamente, así como en la formación de ETA en los años sesenta.

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  6. Estupenda, pormenorizada y súper entretenida entrada. Vi Silencio y como a ti me gustó, quizá lo único que la opacó un poco, fue la inevitable comparación mental a medida que la veía con La misión, ya sabes, esa otra película con su famosísima y preciosa BSO a cargo de Ennio Morricone con  Robert De Niro y Jeremy Irons, como protagonistas ( que como actores me gustan muchísimo más que Liam Neeson (Ferrerira) que aunque está bien en Silencio, me gustó muchísimo más la interpretación de Andrew Garfield (Sebastián Rodriguez), curiosamente también jesuitas portugueses pero esta vez la Compañía de Jesús los mandaba a la desembocadura del Río de la Plata. Ambas películas tiene muchas similitudes, aunque en Silencio se nota el toque más oscuro de Scorsese, más íntimo, centrándose más en los perfiles psicológicos de los personajes que en la odisea vivida como aventura, hasta diría, angustiosa comparada con el tono épico y luminoso de la Misión. Me parecieron magníficos los escenarios escogidos y la fotografía, la puesta en escena impecable… ese peregrinaje en busca de Ferreira de los dos jesuitas, ese deterioro físico y mental que se aprecia en los protagonistas a medida que discurre la película se te contagia como espectador, al menos a mi. Es difícil abstraerse de la inmensa carga de sufrimiento de la película, de esa lucha interna de los protagonistas que los va minando a medida que discurre y que todo eso no afecte. La lucha del padre Sebastián negándose a creer en la apostasía de Ferreira y cómo al final parece que gana la visión de Ferreira, sobre la fe de Sebastián, pero solo parece ; ) en fin, muy buena. Imagino que la novela tiene que ser fantástica, aun las mejores películas, nunca hacen sombra a la novela, de hecho casi siempre las hacen añicos. No me extiendo más, lo siento... me voy y me voy ; )

    Mil gracias y un abrazo grande!!

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    1. Gracias a ti por el comentario, María, y perdona por contestarte tan tarde. Describes muy bien las virtudes de la película.

      'La misión' me parece también una buena película, pero como dices, salvando la misión jesuita que las relaciona, muy distinta a 'Silencio'. Igual sabes la curiosidad de que De Niro apostó por trabajar en 'La misión' tras rechazar protagonizar 'El nombre de la rosa': eso de interpretar a un religioso le parecía bien, pero solo si también empuñaba una espada, y como los de la producción de 'El nombre de la rosa' se lo negaron, aceptó entrar en el proyecto de 'La misión' junto a Jeremy Irons :)

      Un saludo, y de nuevo gracias por el comentario.

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