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Caleb Williams, de William Godwin

 Recuerdo que, hace años, cierto profesor universitario con el que traté, especializado en la ópera romántica, respondió con algo de desdén a mi interés por la novela gótica. 'Eso fue cosa de ilustrados', dijo, restándole importancia. Aunque hay algo de verdad en esa afirmación, en realidad no es muy afortunada, ya que tanto la literatura gótica como la romántica pueden entenderse como reacciones al racionalismo neoclásico. Ya hemos comentado aquí cómo Radcliffe, siendo la autora más influyente del gótico, no puede desvincularse de la estética romántica. Pero, más allá de los recursos estéticos, una de las distinciones más claras es que el gótico no tenía por qué socavar la base racional del mundo: el terror aparece para alterar el orden moral, pero en último término existen un bien y un mal definidos. Esta distinción que acabo de hacer no siempre será apropiada, aunque puede servir para aclarar un poco la confusión. Dicho esto, hoy recomendaré un ejemplo de novela gótica inglesa que podríamos clasificar como producto netamente ilustrado, sin referencias medievales ni sobrenaturales.

Quizá conozcan a William Godwin, aunque también es posible que no; antaño fue un autor influyente, pero su nombre terminó opacado por la fama de su mujer, Mary Wollstonecraft, por la que nuestro escritor mantuvo una devoción absoluta, y sobre todo por la de su hija, la novelista Mary Shelley. Godwin fue un reconocido teórico del liberalismo político que comenzó en sintonía con los franceses, en la línea de su compatriota Thomas Paine, para acabar siendo considerado como el precursor del pensamiento anarquista, en oposición a toda forma de estado y gobierno. Al igual que Paine, Godwin tuvo que combatir a Burke, y aunque su vida no corrió tantos peligros como la de aquel, terminó regentando una oscura librería; olvidado, casi exiliado dentro de su propio país. 

Godwin centró sus esfuerzos en el ensayo político, pero las ansias de transmitir sus pensamientos a una mayor masa de lectores le llevaron a utilizar como medio el género que por entonces estaba más de moda en Inglaterra, que no era otro que la novela gótica, y así surgió Things are they are, o ‘Las aventuras de Caleb Williams’ (1794).

Siendo una novela gótica, ‘Caleb Williams’ aporta varios elementos originales, y la mayor originalidad está en su villano, que no es sádico ni perverso, como era común en el género, sino caballero honorable y filántropo. Para terminar de romperles los esquemas, les diré que la novela se divide en dos partes bien diferenciadas: el héroe de la primera funciona como el villano de la segunda; no será hasta esta segunda parte cuando aparecerá el personaje que da título a la obra.

Se dedica mucho espacio a la presentación del noble señor Falkland, que es a todas luces un caballero ilustrado, una persona volcada a mejorar el bienestar de sus siervos. Luego, Caleb Williams, campesino apadrinado por Falkland, descubrirá sin querer un secreto bien guardado sobre su amo, algo que si saliese a la luz le deshonraría ante la comunidad, y éste tendrá que quitarse la careta de filántropo para acallar para siempre a su criado. ¿Por qué? Sencillamente porque puede.

Por resumirlo de una sola vez, la segunda parte de ‘Caleb Williams’ trata de la persecución extrema de parte del sistema inglés a un solo individuo inocente. Todo el aparato del Antiguo Régimen se pone a disposición de la voluntad de un noble para aplastar la vida de un joven campesino. Con esto, Godwin nos dice: tal y como funcionan las cosas, una historia como ésta podría ocurrir fácilmente. 'Las cosas como son'. Esta es la razón por la que el autor no escoge a un aristócrata abiertamente malvado como antagonista, de cara a no desviar la atención de su crítica política. Godwin fuerza al lector a ver que la causa de los males no está en la naturaleza del noble en particular, sino en las mismas bases del sistema, en el hecho de que un hombre pueda disponer del destino de otro a voluntad, amparado por todas las instituciones del estado.

Williams será encerrado en prisión, acusado falsamente y, tras escaparse, protagonizará una serie continuada de desventuras que moverán sus pies por toda Inglaterra, desde la guarida de unos bandidos en el bosque hasta las calles abarrotadas de Londres. Unos y otros le traicionarán por dinero, y él tendrá que usar su inteligencia para salir de todos los aprietos. 

La tesis de fondo es que más valen individuos libres y racionales que leyes y gobiernos, pues si el ser humano sabe desempeñar correctamente su libertad, sobra todo lo demás. Podemos desmarcaros de este libertarismo anarquista y así mismo dejarnos arrastrar por la denuncia que se nos ofrece. Godwin no solo mostró su ataque al sistema político inglés en forma de novela, sino que se descubrió como un buen autor del género, al igual que uno de los iniciadores de las historias de escapismo de cárceles. En suma, una novela que gustará a cualquier aficionado al gótico de primera época. Y sí, esta historia en particular es cosa de ilustrados, pero a mucha honra.



William Godwin, Las aventuras de Caleb Williams. Valdemar, 1996. Traducción de Francisco Torres Oliver. Obra original publicada en 1794.

De nada me servía disfrazarme. Infinidad de individuos de todas las clases y estamentos, mirarían con recelo a cualquier desconocido – en especial a los solitarios – que se les pusiera delante. La recompensa de cien guineas estaba destinada a despertar su avaricia y a afilar su sagacidad. No era Bow Street; era un millón de hombres los que había en armas contra mí.

Comentarios

  1. Conozco por encima el pensamiento político de Godwin pero desconocía su vertiente literaria. Tengo la impresión de que no hay tanta desvinculación entre el pensamiento ilustrado y el romanticismo. De alguna manera el cansancio ante el exceso de luz de la razón provocó una necesidad de volver a las penumbras anteriores de una forma idealizada. Se ve en la literatura y se confirma en las artes plásticas.
    Voy a lanzar un tiro al aire porque desconozco la obra ¿Puede que Godwin al atacar a un filántropo esté atacando a aquellos primeros socialistas utópicos con su idealismo estructurado y su utopismo mecanicista que creían tener la solución definitiva a los problemas de las clases sociales tras la Revolución Industrial?

    Saludos

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    1. Yo también conozco solo por encima su pensamiento político. En el siguiente post traeré a un autor que seguro conoces también y, aunque no sea romántico, tiene que ver con eso que dices del exceso de luz de la Ilustración.

      Diría que en este caso tu hipótesis es un poco adelantada, pues el personaje no llega a tanto: sus buenas acciones se encuadran todavía en lo que haría un noble de buen corazón en el Antiguo Régimen, sin pretender experimentos al estilo de Owen. Pero tu idea mejoraría y daría una lectura a una historia como esta, sin duda. Me viene a la mente 'Tiempos difíciles' de Dickens, donde el autor sí ataca a un determinado discurso reformista, aunque no tenga que ver con el socialismo utópico - en este caso, el utilitarismo de Bentham - .

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  2. Leyendo sobre la trama de la novela que comentas, me ha venido a la memoria la de "El amante de Lady Chatterley" de D.H.Lawrence. Salvando la distancia de los protagonistas principales (femenina en este caso) y del tiempo transcurrido (más de 130 años de diferencia entre ambas novelas) también allí se manifiestan las relaciones de dependencia entre amos y sirvientes en un escenario que, además, refleja críticamente la vida de una sociedad rural inglesa que apenas ha cambiado después del transcurso de más de un siglo.
    Lawrence, por lo que veo al igual que Godwin, tuvo que "autoexiliarse" debido a las no pocas críticas negativas recibidas por sus obras.
    Como siempre, agradezco la referencia y tomo nota de la novela comentada.
    Saludos,

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    1. Pues yo agradezco de nuevo tu recomendación, porque no he leído a D.H. Lawrence. Ahora me has metido la curiosidad por esa novela, que me apunto. El mundo rural tiene su propio ritmo histórico, sin duda.

      Un saludo.

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  3. Como viene siendo ya habitual, lo que cuentas de la novela ha despertado mi interés, y el personaje se me ha figurado como una mezcla precursora de Edmundo Dantés y héroe dickensiano (aunque no sé si es otra vez mi tendencia a las conexiones inconexas, jeje).

    En fin, ya he puesto el libro encima de la mesa (lo tengo desde hace años, pero es de esos que esperan en las estanterías y nunca les llega el turno...) para leerlo próximamente.

    Y respecto a lo que dijo tu profesor, espero que le respondieras "¿Y qué?" :D
    Pero yo tampoco creo que se pueda establecer una diferencia clara entre la novela gótica y el romanticismo; más bien lo contrario, se pertenecen mutuamente.

    Saludos.




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    1. Creo tus conexiones son muy apropiadas. No he leído 'El conde de Montecristo' (algún día caerá), pero conozco la trama por las versiones cinematográficas y me gusta el personaje. Caleb Williams, a diferencia de Dantés, no buscará la venganza, aunque la injusticia y la fuga tienen relación.

      Eso que dices de los libros que esperan en la estantería me pasa bastante, incluso con novelas por las que siento especial interés. El ejemplo más reciente de lectura con mucho retraso ha sido 'Jane Eyre', que compré hace más de un año y he leído por primera vez este Enero.

      Sobre la anécdota... He usado ese recuerdo solo para introducir el tema. Ese profesor no me dio clase (yo estudié filosofía), era el profesor de una amiga mía y, por ser justos, no fue más que un comentario aislado que me hizo un día que hablamos con él, sin pretender profundizar, aunque por alguna razón se fijó en mi memoria, supongo que por mi interés por el tema. Aun tomándolo como comentario aislado, no le falta su parte de razón, aunque creo que, como dices, es más lo que une al gótico con el romanticismo que lo que los separa.

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  4. La opera romántica musicalmente es monumental, pero desde lo meramente teatral visto con los ojos de hoy raya en lo ridículo muchas veces.
    No conocía a William Godwin y la obra me parece interesantísima. el sistema como enemigo del individuo creo que es un planteamiento muy moderno en su momento y válido hoy en día. No me extraña que acabara olvidado en una remota librería.

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    1. Valoro tu opinión sobre el tema, porque yo soy ignorante no solo de ópera romántica, sino de ópera en general. Como le decía a Ángeles, aquel profesor no me dio clase, pero en absoluto pretendía desacreditarlo al usar aquella opinión tangencial suya para introducir el post.

      Ahora bien, la música romántica (al menos, la parte de ella que conozco) me encanta. Una de mis obras musicales preferidas de todos los tiempos es el Peer Gynt de Grieg. Por no hablar de Tchaikovsky y Chopin.

      Sí que fue moderna la aportación de Godwin al drama gótico. Criticar no solo a la aristocracia, sino también a la monarquía y al sistema completo era todo un atrevimiento en aquella época. Pero si hablamos de monarquía, ya sabes que no hace falta ir tan lejos, pues hasta hace dos telediarios era impensable criticar abiertamente al rey emérito, que incluso ahora se ha blindado para evitar ser procesado.

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