'Zalacaín el aventurero' (1909) es una novela épica ambientada en las tierras vascas durante la Tercera guerra carlista. Baroja rinde un cariñoso homenaje a los grandes mitos de la épica antigua y medieval, actualizándolos en la figura de Martín Zalacaín, un héroe íntegro que no le teme a nada. Claro que, aún considerando a Zalacaín un héroe épico, es también, de algún modo, un personaje barojiano. ¿Qué es un personaje barojiano? Un inadaptado, a fin de cuentas, en constante lucha con su ambiente social, como el propio autor. Tellagorri, el tío del protagonista, sirve de maestro de nuestro héroe; es un tipo huraño y de difícil trato, pero a la vez un hombre hecho a todo, bastante sabio a su modo, con conocimiento sobre los modos de sobrevivir tomando todo tipo de atajos. Es fácil imaginar a Tellagorri como uno de esos caracteres tan propios del norte, por su individualismo. Y es que la primera parte de 'Zalacaín...' es una novela de formación donde, a su vez, se cocina un ambiente en el que el entorno del ficticio pueblo vasco que inventa Baroja y, sobre todo, la naturaleza indomable que lo rodea, van definiendo la personalidad del protagonista.
'Algunas noches, Tellagorri le llevó a Zalacaín al cementerio.
- Espérame un momento - le dijo.
- Bueno.
Al cabo de media hora, al volver por allí, le preguntó:- ¿Has tenido miedo, Martín?
- ¿Miedo, de qué?
- ¡Arrayua! Así hay que ser - decía Tellagorri -. Hay que estar firmes, siempre firmes.'
Con estas pinceladas sencillas pinta Baroja el nacimiento de su héroe, y a partir de la segunda parte comienza ya la verdadera novela de aventuras en la que se suceden, uno tras otro, distintos episodios que traen a la mente los viejos seriales por entregas. Hoy podría filmarse, de hecho, una buena serie de televisión basada en 'Zalacaín el aventurero', y ese sería mejor formato que el cine, en este caso; así lo pide la extraña estructura en la que se divide la novela, donde lo importante son los ambientes y los personajes, y no el argumento que los une. Por la novela pasean malos, buenos, gente mezquina y gente valiente; los ingredientes de la épica. De paso, retrata pueblos y lugares reales, en un pasado no muy lejano del momento en que se escribió esta historia, lo cual aporta verosimilitud, así como el uso de documentos, testigos y otros textos antiguos a los que emula, dejando patente su intención. Diría que la premisa de Baroja es que ese patrimonio universal no tiene tiempo ni lugar, y cualquier época puede engendrar un Aquiles, un Héctor, un Cid... o un sencillo Zalacaín.
Juego, campanas, carlismo y jota. ¡Qué español es esto, mi querido Martín! - dijo el extranjero.Pues yo también soy español, y todo eso me es muy antipático - contestó Martín.- Sin embargo, son los caracteres que constituyen la tradición de tu país - dijo el extranjero.- Mi país es el monte - contestó Zalacaín.
Para mí Zalacain es una lectura de juventud, tengo una edición de Austral más antigua que la tuya medio desencolada de la que me niego a separarme. En aquel momento me pareció una gran novela de aventuras, género poco trabajado en nuestra literatura, aventura entendida como recurso para conocer personas y lugares, para mostrarnos la complejidad del mundo.
ResponderEliminarComparados con otros de su época, Baroja tiene un estilo más ágil y sobrio, lo que hace que haya envejecido bien. Como bien apuntas, sus personajes a contrapié de la vida tienen mucho encanto. Silvestre Paradox es otro personaje barojiano que me resulta encantador
Me gusta tu enfoque: ''aventura entendida como recurso para conocer personas y lugares, para mostrarnos la complejidad del mundo''. Ese es uno de los puntos de interés del género, sin duda.
EliminarUn saludo.
También mis lecturas de Baroja son muy juveniles y la neblina del tiempo ha borrado los perfiles de lo leído.
ResponderEliminarNo creo que por aquella estuviese enterado de la misantropía desesperanzada del escritor pero ya percibía que era ajeno a componendas o barroquismos. Los diálogos, por ejemplo, eran muy secos y desnudos, muy directos. Las acciones eran rotundas y contundentes. Lejos de las moderneces y recreos de Valle Inclán, Baroja se inclinaba por la austeridad y quizás cierta rigidez formal.
Es curioso, pero su obra ha influido en como se percibe al pueblo vasco en otros lugares.
Estupendo ese libro de Caro Baroja sobre tan peculiar e interesante familia.
Saludos
Es interesante lo que dices sobre que haya podido contribuir en la imagen del estereotipo vasco. De su sobrino, Julio Caro Baroja, solo leí en su momento parte del ensayo ''Las brujas y su mundo'', que consulté para determinado trabajo de investigación, pero no sé nada de ese escrito familiar al que aludes. Relacionado con la familia, aprovecho para recomendar la visita a Vera del Bidasoa, en Cinco Villas, así como la comarca del Baztán, en el norte de Navarra.
EliminarUn saludo.
Este es el libro que te comento:
Eliminarhttps://www.casadellibro.com/libro-los-baroja/9788498679083/1817629
Sí que pinta bien, no solo por conocer al autor, su tío y otros personajes, sino por su contexto. Tomo nota de tu recomendación para el futuro, gracias.
EliminarDurante una época fui muy "barojiana", leí muchas de sus obras, pero ésta precisamente no. Por supuesto queda anotada entre mis próximas lecturas, porque, tal y como la presentas, me ha resultado muy apetecible. Me ha encantado la escena del cementerio que refieres.
ResponderEliminarTambién me gusta Galdós, claro (con lo decimonónica que soy para algunas cosas :D), pero no tengo la sensación de que Baroja sea "menor" que Galdós en ningún sentido. A veces el estilo no es sólo cuestión de técnica, y a veces, de hecho, es mejor que no lo sea.
Me ha gustado también tu idea de que "cualquier época puede engendrar un Aquiles, un Héctor, un Cid...", aunque obviamente no cualquier escritor es capaz de crearlo.
Saludos.
Yo en cambio he leído pocas obras suyas, también hace años, pero en cierto modo es una suerte, porque eso me queda por disfrutar en el futuro. Igual que Galdós, por cierto, cuya forma de escribir me fascina.
EliminarTambién es un tema interesante el del estilo u ''oficio'' del escritor. Hablar de ''técnica'' puede sonar a una habilidad de tipo mecánico, pero más bien es un arte, una capacidad engrasada para expresarse con distintos recursos. Técnicas aparte, seguramente coincidamos en que lo importante, en cualquier caso, es que un escritor consiga su propia voz, cosa que no es nada sencilla.
Un saludo.
"Hablar de ''técnica'' puede sonar a una habilidad de tipo mecánico, pero más bien es un arte, una capacidad engrasada para expresarse con distintos recursos."
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo. Es que no me expresé bien. Estaba pensando en los escritores en los que todo es técnica, los que tienen, en efecto, una manera de escribir mecánica, que les funciona y repiten una y otra vez. Y en los que tiene un "estilo" tan marcado, que está tan presente, que el contenido queda en segundo lugar.
Y si te interesa el tema del "oficio de escritor" (a mí me apasiona), me gustaría recomendarte, si no lo conoces, ese librito de Stephen King (cómo no, jeje) titulado "Mientras escribo".
Pues te digo lo mismo: estamos muy de acuerdo. Tampoco pretendo quitar mérito a los escritores profesionales que consiguen ese tipo de técnica, que les funciona para vender libros (siempre me viene a la mente Dan Brown, por ejemplo), pero la literatura, en cuanto arte, es mucho más. De algún modo son cosas distintas.
EliminarTampoco creo que esa distinción pueda equipararse exactamente al viejo debate de la alta y la baja cultura, porque considero que podemos encontrar escritores con arte y voz propia tanto entre los que consiguen establecerse en el canon de las letras como algunos que parten de un caldo más popular. En fin, tema éste que sigue llevando a la reflexión.
Sé de tu pasión por Stephen King y por esa autobiografía en particular. Gracias otra vez por la recomendación. Entre la falta de tiempo y la lista de lecturas acumuladas, no te prometo que lo vaya a leer a corto o medio plazo, pero queda apuntado :)