Debido a la ascendencia puritana y a la educación en la academia para disidentes, su corazón siempre estuvo en los negocios, interés que se ve claramente en sus historias. Pero, en la vida real, Defoe no tuvo la suerte de sus personajes: los negocios le embarcaron en una espiral de deudas de las que nunca pudo resarcirse; y lo que de verdad le perjudicó fue que uno de sus panfletos políticos le llevó a presidio. Fue precisamente su salida de Newgate la que le obligó a vender su pluma – las malas lenguas dirían que su alma – al conde Harley, el interesado protector que pagó la fianza a un alto coste. Así comenzó el periplo de este superviviente como espía, primero, y luego como editor y escritor incansable a cuenta de Harley y de otros, siempre bajo las presiones de sus acreedores y la eterna deuda contraída, que le apretaba el cuello como nudo de horca. Estaba entrampado y lo sabía, y esta circunstancia no es ajena a que publicase sus novelas durante sus últimos años de vida, sacando tiempo de donde no lo tenía.
Ahora dejemos aparte las circunstancias del escritor y pensemos un momento con la mentalidad social y religiosa de la época. ¿Qué podía impulsar a una mujer educada en la virtud a ejercer el oficio más antiguo del mundo? Defoe lo resumió con pocas palabras: la trampa de la pobreza. Esta es la premisa con la que arranca ‘Roxana’, cuyo título original fue The Fortunate Mistress (1724). De entrada, parece que nos encontramos ante una nueva Moll Flanders, y desde luego hay una fuerte relación entre ellas, pero las diferencias también son palpables. ‘Moll Flanders’ es una novela más completa, pues la narradora atraviesa muchos avatares distintos, dentro de la picaresca y la redención marca de la casa; ‘Roxana’, en cambio, se centra exclusivamente en la carrera de una prostituta, y lo hace con una empatía que sorprende viniendo de un escritor puritano, aun conociendo las ideas progresistas de Defoe y teniendo en cuenta que precisamente el tema abordado - la caída en pecado - es netamente puritano. Suena a tópico manido, pero en ciertos aspectos cabe hablar de novela adelantada a su época.
‘…hay tantas clases de idiotas, una variedad tan infinita de ellos, y es tan difícil saber cuál de todos es el peor, que no puedo sino decir: nada de idiotas, señoritas, ni uno solo (…) es más, sed cualquier cosa, incluso una vieja solterona, la peor maldición de la naturaleza, antes que casaros con un idiota’.
A diferencia de la pícara Moll, la narradora de esta historia no nace en la miseria, sino que cae en ella por culpa de un mal marido. Defoe comienza con un alegato a favor de que una mujer, abandonada por su esposo, pueda tener una segunda oportunidad con otro hombre. La joven protagonista se ve, de repente, sola con cinco hijos y nada que llevarles a la boca. La trampa de la pobreza la lleva a la fuerza a prostituirse con el primer hombre que le ofrece un cobijo, y su mente despierta, apoyada en la buena suerte, hará que poco a poco logre mejores partidos, consiguiendo ahorrar una suma considerable de dinero en pocos años. El personaje comparte los principios religiosos del autor, así que su conciencia no termina de descansar, pecando, en sus palabras, ‘con los ojos abiertos’. Asimismo, la narradora confiesa sin tapujos sus debilidades: se considera vanidosa y susceptible ante las distinciones sociales. El lector encontrará en Roxana a una clara víctima de sus circunstancias, pero también en la culpable de algunos de sus tropiezos, tanto contra sí misma como contra personas cercanas. Y es que, a pesar del estilo apresurado y tosco de Defoe, es de justicia reconocer que sus personajes siempre tienen interés, y en este caso hay que subrayar este mérito.
Una vez más, se dejan notar la crudeza y el saber mundano, así como la protagonista superviviente que calcula sus intereses sopesando su cartera, pero además se pone sobre la mesa un ataque directo al matrimonio como institución que funcionaba contra los intereses de la mujer. Roxana comienza su andadura en la prostitución por necesidad; luego continúa en el viejo oficio solo por ambición de dinero y libertad. En cierto momento, durante su viaje por el viejo continente, conoce a un mercader holandés que, al contrario del resto de hombres que ha conocido con anterioridad, es un dechado de virtud y un sincero enamorado que le ofrece una propuesta de matrimonio y la promesa de una vida de tranquilidad y equilibrio. Roxana lo rechaza por principios, pues para entonces ya ha decidido que jamás volverá a casarse: prefiere ser una prostituta de lujo, pero libre, a una esposa atada a las leyes del matrimonio. El autor expone el nuevo dilema con la misma claridad con la que inicialmente expuso la primera caída en la prostitución: ‘¿Qué motivos tengo para seguir siendo una puta?’ – se pregunta nuestra protagonista, que para entonces ya es una mujer rica. Una vez desaparece la perentoria necesidad inicial, las motivaciones de Roxana serán asegurar su dinero, en primer lugar, e intentar seguir siendo una mantenida, en la medida de lo posible.
Finalmente, Roxana cede ante el buen mercader y decide contraer matrimonio de nuevo, pero no le será tan fácil lograr la tranquilidad soñada. Otra diferencia entre ‘Roxana’ y el resto de afamadas novelas de Defoe es que aquí no habrá auténtica redención, terminando la novela de un modo bastante crudo, tal y como era el mundo real, lo cual amerita a esta obra entre los últimos trabajos literarios del autor. Los compases finales son desesperanzadores: una de las hijas de la protagonista ha crecido y persigue incansablemente a su madre para que esta la reconozca como tal. Roxana no es del todo inmune al sentimiento maternal, pero no puede permitirse que la moza descubra su pasado ante el mundo, así que su fiel criada Amy no ve otro remedio para salvar a su ama que silenciar a la adolescente para siempre.
Con este último comentario abandonamos, no sin cierta pena, a Daniel Defoe, cuya vida también terminó de forma oscura, muriendo en la clandestinidad de una precipitada huida de sus acreedores. Bien sabía este escritor lo que era la trampa de la pobreza.
Tenía la desgracia de ser mujer, pero estaba decidida a librarme de los inconvenientes de mi sexo; y que, dado que la libertad parecía ser patrimonio exclusivo del hombre, sería una mujer-hombre, pues tenía intención de morir tan libre como había nacido.

Resulta rompedor que un personaje de principios del XVIII asocie matrimonio a esclavitud femenina y prostitución con libertad. Mucho más que siendo escrita por un puritano como Dafoe, parezca deducirse de tus letras que si bien empezó a prostituirse por necesidad al ser abandonada con cinco hijos, después, una vez ha conseguido salir de la situación apurada, siga ejerciéndola no sé si solo por asegurar su acomodada vida o porque en el fondo le gustaba esa vida más allá de la libertad que pudiera darle. Lo que no comprendo es por qué finalmente accede a casarse si eso contradice todo lo mantenido hasta entonces como su leitmotiv. Y ya el toque dramático del final, dando muerte a su propia hija para que no se descubra su verdadera vida me descoloca del todo… supongo que tendré que leerla algún día para disipar todas estas dudas. Estaba pensando que a lo mejor Sting, tb leyó a Defoe, por su ROXANNE ; ) Gracias otra vez!
ResponderEliminarSí que resulta chocante, y es un ejemplo más de las sorpresas que esconde la literatura de aquel siglo.
EliminarAl igual que otros personajes narradores de Defoe, Roxana es lo que hoy llamaríamos una emprendedora; comienza en la ruina y va escalando peldaños sociales a la par que rompe con sus escrúpulos morales, fijando sus objetivos tanto en la libertad (por miedo a casarse mal) como en la prosperidad económica: esas son sus únicas motivaciones para seguir llevando la vida que lleva. Moll Flanders también sigue un camino, parecido en su respectiva novela, pero su vida toma una curva distinta a la de Roxana, cayendo poco a poco en el submundo; además, Moll también se diferencia porque se deja llevar en ocasiones por el ''vicio'', en sus palabras. En el caso de Roxana, supongo que Defoe quiso centrar más el tema en lo que aquí ocupa.
Muy apropiada la canción de Police, que nos dejas en vivo. Gracias a ti por el comentario.
Es sorprendente que el siglo XVIII un autor escribiera una obra tan feminista, en el sentido de que mediante su personaje femenino critica el sometimiento de la mujer al hombre y su dependencia de él para vivir; y defiende el derecho a la libertad y a una vida propia para ellas. No es que ser una cortesana sea lo más deseable, claro, pero es la única forma en que Roxana pueda conseguir la libertad. Y está decidida a conseguirla a costa de lo que sea.
ResponderEliminarSin duda, no pretende Defoe presentar un personaje modélico, y eso da pie a una falta de escrúpulos por los que ya pagará, y que demuestra, creo yo, la decisión de Defoe de llevar hasta el final las consecuencias de determinadas decisiones.
En fin, una novela que da para mucho debate y nos hace plantearnos muchas cuestiones morales. O sea, literatura de verdad.
He leído también tu anterior entrada. Leí esos cuentos hace tiempo (tengo esa misma edición de Valdemar), pero, como me ocurre tantas veces, ahora me has dado gana de releerlos :)
Saludos!
Hola, Ángeles. Como le decía a María, para mi es parte del interés de aquel siglo. A veces la literatura sabe adelantarse, a su modo, a las ideas establecidas.
EliminarHas realizado un buen análisis de la historia, que solo puedo suscribir, incluyendo lo que dices sobre la gran literatura, que siempre da pie al debate y deja espacio a la moralidad. Ya sabes que Defoe no destaca por su estilo literario (no es un Fielding, por ejemplo), pero, a pesar de todo, sus obras tienen un interés particular, una especial marca de autoría. Sin pretenderlo, supo crear un mundo propio, con unos narradores que emprenden negocios en un ambiente hostil. Y a veces te sorprenden. Sin querer ser pesado con el tema, te invito a que, si te apetece, eches un ojo al comentario que hice a 'Coronel Jack', que ha sido el último libro que he leído de Defoe.
Luego están esos cuentos e historias que vendía en sus medios de prensa: hay algunos más olvidables, pero otros le dejan a uno de piedra.
Gracias. Saludos.
Acá hay dos trampas, la de la pobreza y la de la riqueza
ResponderEliminarHola, Alí. Pues sí, la riqueza también tiene sus trampas; cuando no la tienes, puedes aspirar a ella, pero cuando la tienes, aparece el miedo a perderla, y siempre puedes querer más. En cualquier caso, es una trampa mucho más llevadera que la otra, por decirlo suavemente: la pobreza es una auténtica limitación y un continuo golpe de realidad, y el que la sufre soñaría con poder tener las preocupaciones del otro.
EliminarInteresantes tus artículos sobre Defoe, al que solo conocía por su Robinson y poco más. Es curioso que Roxane vea en la prostitución una de las pocas maneras de ser libre. La autonomía financiera de la profesión es la que se la da. Otras veces, las mujeres que querían librarse de la vida estipulada para ellas no les quedaba más remedio que meterse en un convento. Sea como sea, mal negocio para ellas, como siempre. Al menos Defoe parece ser más comprensivo con su personaje, supongo que porque en el fondo los dos estaban espoleados por la pobreza
ResponderEliminarEs verdad que, en otro tiempo, el único camino que tenía la mujer para evitar el matrimonio era hacerse monja. Y en muchos casos ni siquiera lo decidía ella, sino el padre de familia.
EliminarLo de los protagonistas femeninos de Defoe sorprende, porque están a la par que los masculinos en ingenio y voluntad. Yo también creo que su propia vida le llevó a manifestar esa empatía en los escritos.