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Imposturas intelectuales

Desde el siglo diecinueve, las ciencias y las letras han tenido distintos encontronazos, muchos de los cuales podían haberse evitado desde la honestidad intelectual.  C. P. Snow hizo célebre, en una conferencia de mediados del siglo pasado, el conflicto entre 'las dos culturas', criticando la supuesta superioridad que se atribuían, según él, las humanidades por encima del conocimiento científico. Snow se refería a lo que entendemos vulgarmente por 'cultura general': una persona que no haya leído en su vida ningún clásico de la literatura podría ser tildado de inculto, pero a nadie se le exige que conozca el segundo principio de la Termodinámica, por muy básico que sea para la Física. 

Las afirmaciones de Snow, aunque sirvieron para abrir un largo debate, se basaron en su particular percepción. Sobra decir que el conflicto entre las dos culturas es un planteamiento espurio: por supuesto, hay casos de  humanistas que desprecian la ciencia y de científicos que desprecian las humanidades, pero ninguno de ellos representa a sus respectivos campos. Tantos las ciencias como la literatura y las artes nos enriquecen, cumpliendo su respectivo papel en nuestra cultura.

Llamamos 'cientificismo' a la postura basada en aplicar mal la ciencia, ya sea asumiendo dogmáticamente sus contenidos (lo cual es muy poco científico) o intentando usarla para resolver problemas no susceptibles de ser resueltos de modo científico. Valgan también los casos en los que se cae en la falacia de autoridad al asumir opiniones de científicos, acerca de temas alejados de su especialidad, como argumentos en sí mismos.

Por otro lado, hay posturas, desde distintas especialidades humanísticas, que ignoran o desprecian las contribuciones científicas de forma acrítica, derivando en ocasiones a un relativismo epistémico radical o a teorías sociales con poco sustento racional. El tema es lo suficientemente complejo como para pretender resumirlo en esta entrada, así que me perdonarán que, por mor de la sencillez, en adelante use el término 'posmodernismo' en un sentido amplio, aunque hagamos referencia a algunos autores que provenga de corrientes anteriores, como el posestructuralismo. 


Jacques Lacan (izquierda) y Gilles Deleuze (derecha), dos de los autores que salen escaldados en 'Imposturas intelectuales'.


Se han vertido ríos de tinta con el affaire de Sokal, pero lo resumiré brevemente, pues armó la marimorena a finales de los noventa, dentro de lo que se conoce como ‘guerras de la ciencia’, que fue en realidad una nueva batalla del viejo conflicto que en el pasado había planteado C. P. Snow, solo que con un jugador nuevo en el bando de las letras: el posmodernismo. En 1996, el físico estadounidense Alan Sokal, con intención de desenmascarar a la prestigiosa revista Social Text, centrada en estudios sociales, consiguió colar un falso artículo titulado 'La transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica'. En dicho artículo, Sokal incluía malos argumentos y una mezcolanza de patrañas pseudocientíficas, envueltas en una apariencia de sofisticación. Cuando la revista dio su visto bueno y publicó el texto, Sokal se apresuró a hacer público el engaño, dejando en evidencia el bajo nivel de cribado de la famosa revista. 

Tras el golpe de Sokal y unos cuantos artículos publicados al respecto, llegó 'Imposturas intelectuales' a modo de obra en la que desarrollar de modo más pormenorizado su crítica, junto con el belga Jean Bricmont. 'Imposturas...' puede verse en realidad como dos libros en uno: por un lado, tenemos los capítulos dedicados a exponer las vergüenzas de renombrados autores de las humanidades - todos ellos del entorno francés - que toman contenidos y jerga científica de manera chapucera, cuando no directamente absurda, con el fin de dotar de falsa profundidad a sus oscuros textos. Desde el psicoanálisis, es significativo el caso de Lacan, cuyo uso de la topología matemática parece más destinado a obnubilar al lector que a transmitirle con eficacia una idea.

¿Cómo hay que valorar las matemáticas lacanianas? Los comentaristas no han logrado ponerse de acuerdo sobre las intenciones de Lacan: ¿hasta qué punto intentaba «matematizar» el psicoanálisis? No podemos dar una respuesta definitiva a esta pregunta, cosa que, en último término, tiene escasa importancia, pues las «matemáticas» de Lacan son tan fantasiosas que no pueden desempeñar ninguna función útil en un análisis psicológico serio (...) los escritos de Lacan adquirieron, con el tiempo, un carácter cada vez más críptico -característica común de muchos textos sagrados-, combinando los juegos de palabras y la sintaxis fracturada, y sirviendo de base para la exégesis reverente de sus discípulos. Es, pues, legítimo preguntarse si no estamos, al fin y al cabo, en presencia de una nueva religión'. 
 
Alan Sokal

Por otro lado, Sokal y Bricmont intercalan diversas partes en las que critican el relativismo epistemológico radical, intentando bucear en las diversas causas que han gestado ese maremágnum de ideas y autores que llamamos, por generalizar, posmodernismo. Poniéndonos exquisitos, cabría decir que Sokal y Bricmont no hilan igual de fino en todos sus abordajes epistemológicos, cosa que es natural al incluirse tantos temas y autores, pero demuestran la suficiente pericia para defenderse en el terreno y ofrecer una crítica honesta a lo largo de toda la obra. Por tanto, el objetivo no es atacar a las humanidades, sino denunciar los dos males ya comentados: el abuso injustificado de jerga científica y el avance del relativismo radical frente a la ciencia, todo ello llevado a cabo por determinados pensadores de significativa influencia. El señalamiento de estos males no solo beneficia, a largo plazo, a las propias humanidades, al pretender librarlas de la mala praxis, sino a la sociedad en su conjunto.

En su interés completista, que les lleva a recorrer problemas diversos, no olvidan tampoco el enfoque político, lamentando el daño que la posmodernidad ha ocasionado a la izquierda estadounidense, postura en la que ambos autores se posicionan abiertamente. Se preguntarán por qué era necesario hablar de política en un libro como este; a fin de cuentas, una impostura intelectual es igual de negativa venga del color político que venga. La razón de esta inclusión se debe a que Sokal había sido previamente atacado por autores franceses del entorno humanístico, de manera prejuiciosa, aduciendo que el objetivo de su engaño tenía en realidad un componente político, pues todos los autores del posmodernismo criticados eran de izquierdas. La preocupación política de Alan Sokal, sin embargo, era sincera, como ha demostrado con posterioridad. Diría que además dio en la diana, pues las posturas más extremas de los estudios de género y el relativismo epistémico han contaminado, efectivamente, a la izquierda estadounidense.

En resumen, 'Imposturas...' es un libro clarividente que puede leerse hoy con la misma actualidad que en 1997, año en que se publicó. Tanto la crítica a las imposturas intelectuales como la crítica a los posicionamientos anti-científicos tienen una ligazón común. ¿He dicho ya que, además, el libro tiene pasajes realmente divertidos? 


Alan Sokal, Jean Bricmont, Imposturas intelectuales, Paidós Ibérica, 1999. Obra original publicada en 1997.


'Parece existir una tradición que consiste en utilizar nociones matemáticas fuera de su contexto. Para Lacan, son los toros y los números imaginarios, para Kristeva, los conjuntos infinitos, y aquí los espacios no euclidianos. Pero ¿qué significado podría tener esta metáfora? Por otro lado, ¿cómo sería un espacio euclidiano de la guerra? Notemos de pasada que el concepto de ‘hiperespacio de refracción’ múltiple no existe ni en matemáticas ni en física: es una invención baudrillardiana'.

Comentarios

  1. Amigo Rodión, prefiero pensar que el último apunte relativo a los pasajes realmente divertidos del libro lo has incluido para paliar lo farragoso del asunto principal. La verdad, siempre me ha interesado la filosofía, y de hecho suelo leer algún que otro libro y ensayo de autores y temas que me interesen especialmente, pero enfrentarme a tales divagaciones intelectuales como las que indicas en tu excelente texto supera mi capacidad neuronal.
    Lo dicho, siempre es un placer leerte.
    Saludos,

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    1. Aupa, Javier. Te aseguro que los capítulos destinados a sacar los colores a esos autores franceses que escogen son muy divertidos. Quizá no recomendaría el libro a todo el mundo, pero porque el tema tiene que apetecer, no por otra razón, ya que Sokal tiene un estilo muy claro. Estoy contigo en que hay que leer solo lo que a uno le motive.

      Gracias por el comentario.

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  2. Me ha llamado la atención lo que comentas sobre la atribución de mayor prestigio a las letras que a las ciencias, porque yo siempre he tenido la percepción contraria: en los ambientes estudiantiles siempre se ha considerado que las ciencias eran para los listos y las letras para los menos listos, por no decir los torpes. De hecho muchas veces he oído eso de que las letras no sirven para nada, que lo que salva vidas y hace avanzar el mundo son las ciencias. Y, por el otro lado, que los de ciencias son unos "cabezas cuadradas" y tonterías semejantes.
    A mí siempre me ha parecido una "rivalidad" absurda, desde luego, por el motivo que tú explicas.

    Por otra parte, me ha parecido muy interesante esto de las imposturas intelectuales, como los de las matemáticas de Lacán, que quizá en el fondo revelan un cierto "complejo", una necesidad de dar una pátina científica a la
    cosa, en la creencia, tal vez, de que eso daría más prestigio a su disciplina.

    Y creo que no tiene mucho que ver con el relativismo epistémico, pero el caso es que esto me ha traído a la mente una idea de Isaac Asimov que me parece que también da en otra diana y que explica muchas cosas: "El anti-intelectualismo ha sido una constante que se ha infiltrado en nuestra vida política y cultural, alimentado por la falsa noción de que democracia significa que mi ignorancia es tan válida como tu conocimiento."

    Una vez más, una entrada muy interesante y estimulante para las neuronas.

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    1. Hace siglos, las 'letras' pertenecían a la educación de la aristocracia, y luego también de la alta burguesía, y así distinguían a la élite. Seguramente, esa percepción de prestigio que veía Snow eran los restos de aquella forma de entender las humanidades, que hoy ha cambiado al estar al alcance de todos. Respecto a la consideración - típica de alumnos de bachillerato - de que las ciencias sean de listos y las letras de tontos, no merece atención.

      Siempre hay alguien que enfrenta a las ciencias con las letras, pero como dices es una rivalidad absurda, porque tienen objetivos distintos: las ciencias buscan un conocimiento válido sobre el mundo, mientras que las letras y las artes son vehículos de expresión estética. No puedo concebir una sociedad sin literatura desde donde trabajar ideas, sentimientos, preocupaciones...

      Yo también creo que casos como el de Lacan pueden provenir de un complejo. Hay autores que utilizan un discurso oscuro o abstruso para esconder un contenido banal; dentro de ese grupo, unos pocos han usado con ese fin terminología científica, lo cual es un juego doblemente chapucero, ya que los términos científicos son unívocos.

      Y nunca había leído esa cita de Asimov, que efectivamente es reveladora, aunque no se refiera al relativismo epistémico. La postura que critica puede tener relación en muchos casos, en cuanto a que supone un rechazo de la experticia, sea en campos científicos o no científicos.

      Gracias por el comentario.

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  3. Leyéndote me he acordado de Gustavo Bueno y sus mariachis del materialismo filosófico, que también tiran de lenguaje científico para dar valor de novedad a sus ideas, aunque terminan siendo bastante rancias. Lo mismo que Sokal y Bricmont critican a la humanistas, con razón, hay mucho artículo científico que es plagio, mentira, o ida de hoya, que en todas las casas cuecen habas.
    Saludos

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    1. Yo los veo como un caso distinto. Los buenistas no caen en ese estilo oscuro criticado aquí, y a pesar de aplicar su propio marco conceptual a las ciencias, tampoco cometen ese tipo de abusos. Otra cosa es que la Fundación Gustavo Bueno funciona menos como una institución de pensamiento crítico y más como un lobby, defendiendo un nacionalismo español un tanto rancio, totalmente de acuerdo; algunos miembros tienen además actitudes sectarias, distanciadas de otras escuelas filosóficas y del propio devenir científico. No son santo de mi devoción, pero creo que también pueden tener gente valiosa.

      En cualquier caso, lo que critican Sokal y Bricmont no es que haya filósofos o humanistas varios que usen jerga científica (hay muy buenos filósofos que trabajan mano a mano con científicos), sino que la usen mal, con fines equívocos fuera de contexto. Usando el prestigio de la ciencia también se cometen abusos, sin duda, como la mala divulgación, noticias sensacionalistas desde el periodismo, etc... Aunque las revistas realmente científicas tienen un cribado serio que evita que se cuelen idas de olla.

      Un saludo.

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  4. Conozco el caso y requeriría mucho texto exponer mi punto de vista, resumo.
    Primero: la dicotomía entre ciencias y humanidades es ridícula porque si hay algo que han pretendido las humanidades desde el siglo XIX es darle un sentido científico a su labor por eso se habla de ciencias sociales o humanas.

    El problema epistemológico principal quizás está en que la ciencia se ha convertido en un valor absoluto y jerarquizado pero necesita causas y efectos, pruebas empíricas y teorías que las confirmen, necesita argumentos definitivos y no interpretativos. Las humanidades cuando lo han intentado caso de la Escuela de los Anales en Historia u otras corrientes en sociología o psicología etc... caen en una suerte de neopositivismo bastante primitivo. En su afán de ser científicas se han olvidado de la necesidad de ser creíbles y emplean de forma desmesurada lenguajes sacados de otros contextos.

    Sin embargo, el cientifismo con su afán totalitario tampoco tiene mucho de que defenderse. En el terreno médico con esa caza de brujas hacia lo que llaman pseudociencias, sin distinguir entre prácticas eficaces y la pura charlatanería u hoy mismo con el Covid intentando demostrarnos que los virólogos tienen la verdad absoluta y pueden dar lecciones a los ciudadanos sobre como deben comportarse o actuar invadiendo campos que desconocen.
    Quizás habría que hacer un Sokal al revés como los científicos "no humanistas" se apropian de otros espacios que no le son propios. Tomemos por caso el uso que hicieron del darwinismo para justificar la eugenesia y los crimenes étnicos nazis.


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    1. Sí, esa distinción merece al menos esa aclaración que dices. La he dado un poco por hecho, pues cuando hablaba de las ciencias estaba incluyendo no solo las naturales sino también las sociales. Los autores criticados por Sokal pertenecen, sin embargo, al entorno de humanidades 'no-científicas', al ser filósofos y, en el caso de Lacan, psicoanalistas. Así, en el conjunto de 'humanidades' podríamos incluir a la filosofía, hermenéutica, estudios culturales, teoría de la literatura y del arte, etc...

      La historiografía es una disciplina muy particular, pues tiene una parte científica y otra importante parte interpretativa, tal y como exige su objeto. La psicología, en cambio, ha avanzado mucho en su pretensión de cientificidad al imponerse criterios de demarcación (separándose del psicoanálisis, Gestalt...) y tomando aportaciones de las neurociencias.

      Personalmente considero relevante el problema de la demarcación entre ciencia y pseudociencia, pero eso no quiere decir que deban pretenderse los mismos métodos, ni fundamentaciones, en todas las disciplinas, ni mucho menos la misma causalidad. En el mundo sanitario sigue habiendo debate en torno a ello, habiendo muchas voces que aceptan prácticas de disciplinas ajenas, siempre que muestren evidencias de utilidad. Si no lo muestran, o si su aplicación no pasa de ser más beneficiosa que un placebo, considero que esa demarcación al menos debe ser visible para el ciudadano: que pueda distinguir, por ejemplo, un médico colegiado de un homeópata; un psicólogo clínico de un terapeuta.

      Y efectivamente, la ciencia no puede pontificar sobre cuestiones ajenas a su competencia, pero no creo (igual se me ha escapado algún caso) que sea el caso actualmente con los virólogos. El uso que se hizo del darwinismo en el terreno social y, más tarde, el uso le dieron los nazis, son ejemplos perfectos de cientifismo peligroso. El problema, en todo caso, no estaba en la ciencia, pues aquellos darwinistas sociales y científicos nazis no llegaron a sus conclusiones por aplicar inferencias correctas, sino por ir más allá de la ciencia, escudándose en ella para pretender justificar sus teorías y decisiones morales. De la misma manera, Sokal no pretendió desprestigiar a la filosofía (hubiera sido absurdo) ni a las humanidades, sino a determinados malos usos de estas, o más bien de algunos de sus representantes. La reflexión humanística, por así decir, no necesita defensa porque nunca desaparecerá.

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