‘Doña Perfecta’ (1876) es una novela en la que el omnisciente narrador nos lleva a acompañar al joven ingeniero Pepe Rey al ficticio pueblo de Orbajosa, con el fin de casarse con su prima Rosario. Quizás sea porque yo he vivido en Orbajosa, que encuentro este poblachón como el mayor acierto del libro. Galdós hace un guiño a Cervantes cuando la ubica en un lugar del que no quiere acordarse, al norte o al sur de Madrid: en la profunda España. Esta sede episcopal cuenta con siete mil habitantes orgullosos de su patria chica; sus tradiciones son sagradas, y el párroco salpimienta sus sermones del domingo para hablar mal de Madrid, de su decadencia moral, su ateísmo y el intrusismo extranjero. Si le preguntásemos a un orbajonense acerca de la calidad de sus vecinos, todos ellos serán pintados con colores bondadosos, por convicción; en realidad, Orbajosa es un cortijo caciquil y patria de chismorreos, de seres bendecidos por sus buenas relaciones o marcados por el estigma social.
La voz del escritor se deja oír en ocasiones para realizar juicios de valor, todo ello con el objetivo de apuntalar el mensaje pesimista de la novela, que encuadramos en la guerra cultural que vivió nuestro país tras el fracaso del Sexenio Democrático y del primer experimento republicano; las dos Españas de entonces separaban a la ciudad del pueblo: la primera - personificada aquí por Pepe Rey - era liberal y renovadora, mientras que la segunda albergaba tendencias reaccionarias latentes que el movimiento carlista supo capitalizar muy bien. Es por ello, ‘Doña Perfecta’ es considerada como novela de tesis, o novela ideológica, pues Galdós toma claro partido a favor del bando liberal.
Incluso dejado de lado el interés político y social, la novela brilla por sí sola. Galdós es también cervantino en su estilo: literario pero llano, adaptado aquí a las descripciones de la estética realista que se impuso en la segunda mitad del siglo. Aunque, por lo general, este particular ‘espejo en el camino’ – que diría Stendhal – acompaña al protagonista, en ciertos capítulos escogidos refleja a otros personajes. ¿Qué podríamos decir del que intitula la obra? Un aparente dechado de bondad, una mujer manipuladora que hila su tela en el corazón de Orbajosa, cual araña laboriosa, y sobre la que, a su vez, influye don Inocencio, el canónigo, que tiene sus propios intereses. En medio de este enredo de falsas buenas intenciones se encuentra Rosarito, la hija de Perfecta y enamorada de Pepe Rey.
Con todo, 'Doña Perfecta' es un drama rural que, a pesar del drama, consigue hacerme reír en buena parte de sus diálogos. Una novela de tesis, sin duda, pero que siempre merecerá la pena recomendar y que aún tiene mucho que decirnos sobre la España de ayer y de hoy.
Y, acá para entre los dos, amigo Rey, yo creo que esto va para largo. Algunos se ríen y aseguran que no puede haber otra guerra civil como la pasada. No conocen el país, no conocen a Orbajosa y sus habitantes. Yo sostengo que esto que ahora empieza lleva larga cola, y que tendremos una nueva lucha cruel y sangrienta que durará lo que Dios quiera.


Tengo que reconocer que de Galdós solo leí, hace mucho tiempo, una breve selección de sus "Episodios nacionales"; pero a pesar de ese posible maniqueísmo que citas, me sorprendió, en conjunto, por su visión bastante ecuánime de las cosas. El personaje de Gabriel, que va evolucionando en su manera de ver la vida, es admirable. Y luego, años después, cuando vuelve a escribir tras la pérdida de las últimas colonias, Galdós ya es un escritor hecho y derecho, con muchos recursos.
ResponderEliminarPor desgracia, lo dejé ahí. Como me pasó con muchos otros escritores españoles de esos tiempos. La gente de mi generación que no se entregó profundamente a la literatura, afectados por el autodesprecio nacional que sufrimos gracias a Franco y sus cuarenta años, abandonamos a esos escritores y nos lanzamos al "extranjero", a lo que fuese, desde Kafka a Joyce pasando por los latinoamericanos. No creo que haya habido "episodios nacionales" tan lamentables como los que protagonizamos nosotros, y bien que lo siento.
Entiendo lo que dices, Rick, y seguramente yo habría hecho lo mismo: mirar al extranjero para evitar el olor a alcanfor de lo que teníais en casa, que machaconamente os vendían como la quinta esencia, que venía de aquello más viejo de la unidad de destino en lo universal y todo eso. Galdós, enemigo de lo rancio y tan anticlerical como fue, no tenía la culpa, como tampoco tantos otros que dejaron su legado mucho antes de la dictadura, pero supongo que, visto así, iba en el pack.
EliminarYo también he leído lo justo de Galdós, apenas unas pocas novelas hace ya años, pero 'Tristana' me pareció en su momento una obra maestra: en un futuro quiero volver a leerla para comprobar si me lo sigue pareciendo, y sobre todo descubrir nuevas novelas suyas. De los 'Episodios nacionales', por ejemplo, no he leído nada; igual te parece curioso que no me tiren tanto esas series como sus 'novelas contemporáneas', gustándome como me gusta la Historia, pero así es. En cualquier caso, Galdós es sin duda uno de los más grandes escritores que hemos tenido, y un novelista de pura cepa, en el mejor sentido de la palabra.
Recuerdo esa controversia a favor y en contra de la obra de Galdós entre Cercas y Muñoz Molina. Yo soy de los de Muñoz Molina. Para mí Galdós es uno de los mejores escritores en lengua castellana, quizá no tanto por su prosa (que a veces tildo, como hacía traicioneramente Benet, de anticualla y "garbancera") sino por lo que cuenta y cómo lo hace.
ResponderEliminarHe leído toda su prolífica obra (igual me queda alguna que otra cosa en su apartado de dramaturgo, poco más...) y reconozco que el poso dejado es de poco pez y buena urdimbre. Excelentes momentos pasados, tanto en sus momentos más inspirados (sus novelas más reconocidas) como en aquellos en los que se le iba un poco la olla y jugaba en los inicios de una liga de sueños psicológicos (muy últimos "Episodios"...).
Solo en su contra, sus "Memorias de un Desmemoriado", una inicua forma de salir del paso ante las presiones de los editores.
Saludos,
Habiendo leído tanto a Galdós, te agradezco especialmente el comentario, Javier, porque tu aportación está nutrida de conocimiento y, como dices, vasto disfrute.
EliminarYo, en cambio, he leído pocas obras suyas, desperdigadas en el tiempo, pero por contrapartida me queda pensar que aun tengo por delante mucho por descubrir. Lo leído hasta ahora me ha parecido de gran calidad, incluyendo su prosa, ese uso de gerundios y formas arcaizantes, en ocasiones casi cervantinas, que yo al menos disfruto.
Gracias. Saludos.